Sesión del Club (Grupo A): La peste escarlata

“Rojo no es la palabra adecuada -replicó el viejo-. La peste no era roja, era escarlata. El cuerpo y la cara del que se veía atacado por ella se ponían escarlata en el plazo de una hora. Lo sé porque lo vi. Hay que decir escarlata.”

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“La peste escarlata” es una historia post-apocalíptica, ambientada en el año 2072, que fue publicada originalmente en la revista London Magazine durante 1912. La humanidad sucumbió en la pandemia de 2013, cuando estalla en las principales ciudades de la Tierra una peste fulminante que se propaga con rapidez hasta el último rincón habitado. No hay para ella antídotos conocidos; en cuestión de días, el vano éxodo de los pobladores vacía las ciudades, devastadas por el pillaje, los incendios y la violencia. La humanidad quedó mermada a unos pocos reductos de tribus y grupúsculos desperdigados por ahi, reducidos al primitivismo más absoluto, donde la fuerza bruta impera sobre la inteligencia. Van formando pequeñas comunidades mientras a su alrededor una vegetación asilvestrada, sin control, ahoga las zonas antes cultivadas, y los animales domésticos, con garras y dientes, tratan de asegurarse un lugar en el nuevo orden zoológico.

Un anciano James Howard Smith, entonces joven profesor universitario y ahora anciano de casi noventa años, cuenta a sus tres nietos cómo era la vida antes de la hecatombe, para intentar transmitir los valores y principios anteriores al apocalipsis, pero es ridiculizado constantemente por los jóvenes, que no son capaces de concebir las cosas que les cuenta su abuelo, y que para ellos son sólo los desvaríos de un viejo. De hecho, ni siquiera entienden bien su modo de hablar, ya que la mayoría de palabras y expresiones se han perdido o degenerado. Está evocando un mundo que ya nadie sabe que ha perdido.
Es un libro que no ha envejecido nada mal (excepto alguna referencia a dirigibles surcando los cielos en el siglo XXI), teniendo en cuenta que lo escribió alguien nacido en 1876. Podría haber sido escrito recientemente, ya que tanto su estilo, como los argumentos que componen la trama, son válidos hoy en día. Un visionario como Verne, sin duda.

“La peste escarlata” trata de la barbarie, del retroceso a formas de vida más primitivas, del egoísmo que conlleva consigo una catástrofe de tal magnitud. Donde lo que prevalece, cuando ves que todo se desmorona, es el sálvese quien pueda. Escuelas, universidades, laboratorios de ciencia, etc, todo ello ha sido barrido por los estragos del tiempo y el olvido. El ser humano debe empezar de cero, como siempre hará en caso de ocurrir un desastre. Sin embargo, hay elementos esenciales que no pueden pasar desapercibidos: ese viejo profesor sobreviviente de la peor catastrofe de la humanidad, vivía en la mente de su autor. Ha sido su canal para manifestar su percepción acerca de la evolución social, de la base arquitectónica del ser que arrastra los males de ayer, de hoy y de siempre.

La vertiente fantástica de la literatura de London no es lo más conocido de su bibliografía, pero lo cierto es que sus historias cortas pavimentaron el camino para la popularización de la ciencia ficción. Trece de las 188 historias cortas que publicó y cuatro de sus 22 novelas pueden clasificarse como de temática fantástica, por lo que su aproximación a la ficción especulativa o la ciencia ficción fue algo más que simple anécdota. Aunque hoy es recordado sobre todo por sus relatos de aventuras en las heladas tierras del Yukón o las embravecidas aguas el Océano Pacífico, sus relatos de fantasía son mucho más interesantes que los de otros autores contemporáneos más conocidos pero menos originales en sus ideas.

Subyacente en la mayoría de las historias están las ideas de London sobre la evolución social, el racismo y el anticapitalismo. En algunas de ellas el énfasis recae sobre lo que podemos llamar “ciencia ficción social“: los problemas futuros de la sociedad, en especial la explotación de los trabajadores y el materialismo capitalista. En otros casos, sus sociedades imaginarias trataban de demostrar la validez del darwinismo social y, concretamente, la superioridad de la raza anglosajona.

Como se puede ver, este tipo de radicalismo político y social nada tiene que ver con la imagen de autor de aventuras para niños y adolescentes que los editores han tratado de vender una y otra vez. Hay otro elemento, este en un plano más secundario, en sus relatos de ficción especulativa: el medio ambiente, especialmente en aquellas historias en las que algún tipo de revolución ha acabado con buena parte de la población. London parece confiar en la capacidad regenerativa de la naturaleza.

Original en inglés, edición de 1915, con ilustraciones de Gordon Grant disponible en Proyecto Gutenberg

Jack London (1876-1916)

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John Griffith London nació en San Francisco en 1876. Era hijo de un astrólogo ambulante, al que no conoció, y su madre era una espiritista que se casó con John London (unos meses después del nacimiento del niño) de quien el escritor tomó el apellido.

Jack London ha sido -es- uno de los autores más importantes de la literatura americana. Pese a ciertas controversias atribuidas al autor durante su corta vida (falleció a los cuarenta años), tales como diversas acusaciones de plagio o el descenso de calidad en sus obras hacia el final de su vida -más para ganar dinero que para perdurar-, su producción literaria ha gozado de un considerable éxito a lo largo de su carrera.

Su experiencia como marinero a temprada edad y como pescador ilegal le sirvió como formación para numerosos relatos de aventuras con el viajero como tema de fondo.

La ideología de Jack London era de una ortodoxia rayana en el radicalismo. La vida le había dado motivos para ello. En su infancia y juventud transcurridas en California sufrió en sus carnes la injusticia de un sistema industrial que se aprovechaba de la inexistencia de legislación laboral para abusar de los obreros, pagarles salarios ridículos y hacerles trabajar horas sin fin; participó en una marcha masiva de protesta emprendida por desempleados de la Costa Oeste hacia Washington y fue testigo de la explotación a la que eran sometidos los inmigrantes en inmundos talleres de Nueva York. Mientras volvía a su California natal fue arrestado por vagabundo y encerrado en prisión. Años más tarde, en un viaje como periodista a los bajos fondos de Londres convivió con los más pobres de la capital del imperio, plasmando en sus crónicas la miseria que se ocultaba bajo las ricas alfombras de los más potentados. No es de extrañar que aquellas experiencias lo convirtieran a la causa socialista.

En 1905, London quería dar la vuelta al mundo junto a su segunda esposa, Charmian. Pero ya entonces viajar era caro. Necesitaba dinero para comprar el barco y financiar el viaje, así que decidió aceptar una oferta para dar conferencias por todo el país a 600 dólares semanales más gastos. Era una gran oportunidad no sólo financiera: podía promocionar sus libros y, al mismo tiempo, hacer propaganda de sus ideas socialistas en unos años en que el socialismo era un tema candente en la nación. London era un conferenciante incendiario. Por todo el país llenaba salones en los que el público lo escuchaba asombrado mientras encajaba recriminaciones, insultos y profecías de un apocalipsis capitalista merced a una revolución purificadora. Durante esta gira el ya famoso escritor tuvo ocasión de hablar con los líderes socialistas locales y le quedó claro que la opinión general era que el capitalismo sería eliminado por la vía democrática. Sus propias ideas eran mucho más radicales y su visión del futuro menos optimista.

La propia vida de London acabó convertida en una especie de caricatura de sus ideas políticas. A medida que su popularidad trascendía fronteras y sus obras eran leídas y comentadas por millones de personas, su modo de vida se fue distanciando cada vez más de sus convicciones. Vivía en un rancho que ocupaba una enorme finca, mantenía un yate y no se privaba de ningún lujo material -por mucho que sus despilfarros a punto estuvieron de dejarle en la bancarrota en más de una ocasión, obligándole a escribir intensivamente para tapar sus agujeros económicos.

London murió en 1916 de una sobredosis de morfina, sin saber a ciencia cierta si fue accidental o deliberada, lo que ha contribuido a su mito bibliográfico.

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Acerca de Moderador

Moderador del Club de Lectura de Ciencia Ficción de la Biblioteca Vapor Badía de Sabadell Ver todas las entradas de Moderador

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