Sesión del Club (Grupo A): La invención de Morel

“El hecho de que no podamos comprender nada fuera del tiempo y del espacio, tal vez esté sugiriendo que nuestra vida no sea apreciablemente distinta de la sobrevivencia a obtenerse con este aparato.”

la-invencion-de-morel-portadaEl narrador (un prófugo, que permanece anónimo en todo el libro) desembarca en una isla hacia la que lo ha conducido su destino de perseguido. Por la notas de un supuesto editor y por lo que el protagonista anónimo narra en primera persona, el lector pronto descubre que los fragmentos de La invención de Morel son el póstumo testamento de un náufrago, el diario de un perseguido por la justicia, que al huir de la sentencia a cadena perpetua llegó en bote, casi al azar (no sabía leer la brújula), a una isla desierta.

En esta isla de ubicación ambigua encuentra un paraíso cuyo espacio ha sido alterado levemente por unas extrañas construcciones de orden misteriosamente ceremonial: un museo, una capilla y una alberca. Allí descubre un grupo de turistas raros, capitaneados por un tal Morel, que no perciben su presencia. Tras espiar sus movimientos, se enamora de Faustine, la bella mujer que se asomaba a ver la puesta de sol cada día en lo alto de las rocas. Luego de notar que es invisible para los turistas, el fugitivo descubre que ellos son, en realidad, imágenes tridimensionales proyectadas por una máquina.

Es esta invención un mecanismo capaz de retener las imágenes de forma total –visual, táctil, olfativa y volumétricamente-; un artefacto creado con el fin de registrar los movimientos de Morel y sus acompañantes a lo largo de una semana y de forma absoluta. Morel, uno de los turistas, la había fabricado con el propósito de repetir las imágenes de todos aquellos que estaban en la isla. Ha logrado crear una máquina -descrita como un conjunto de motores conectados, mediante un tubo de hierro, a un rodillo con aletas ubicado en la costa de la isla- capaz de reproducir las acciones grabadas a la manera de un film o una cinta cinematográfica. Aprovechando la fuerza de las mareas esta máquina puede proyectar el producto de su registro a perpetuidad y así “eternizar” a su amada Faustine. Morel ha fotografiado la vida y la ha conservado en una isla desierta, de esta manera logra quedarse con ella porque no lo pudo hacer de otro modo: la Faustine de carne y hueso desdeñaba a Morel.

El prófugo no sólo escribe el testimonio de su descubrimiento, sino que se da cuenta de que la única salida para estar con Faustine es morir, puesto que todos los que habían sido “fotografiados” mueren, inclusive ella; y, de ese modo, él logra también su inmortalidad en la isla.

Bioy Casares pone en juego una de las hipótesis más sugerentes de toda la ciencia ficción, la coincidencia, en un mismo espacio, de un objeto y su imagen total. Este hecho sugiere la posibilidad de que el mundo esté constituido, exclusivamente, por sensaciones. Para ello realiza un trazado elíptico de la isla y el museo, así como una radiografía espectral de los personajes proyectados, para concluir en una delirante y anticipatoria reflexión sobre la realidad virtual.

La isla de Morel es un espacio sagrado donde se ha construido la utopía de la eternidad. La eternidad que Morel sugiere ha encontrado su espacio y su proyección pero le faltaba la mirada. El narrador es el testigo de la creación, es el espectador ante quien se proyectan las imágenes. En este paraíso artificial, ¿qué le queda al narrador? Enamorado de un fantasma, de una mujer muerta, no le queda otra cosa, para estar junto a Faustine, que dejarse devorar por la pantalla y transformarse él mismo en simulacro. Con su seducción y muerte, y con su ingreso a la eternidad del archivo, la hegemonía de una nueva ecología de medios en la isla es completa. El triunfo de la ilusión del narrador es el fin de cualquier intento de escapar al triunfo final de la tecnología.

Adolfo Bioy Casares (Buenos Aires, 1914 – 1999)

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Escritor argentino, uno de los más destacados autores de la literatura fantástica universal. Miembro de una familia de hacendados bonaerenses, en 1929 escribió Prólogo, manuscrito que revisó y mandó a imprimir su padre. Su temprana vocación por las letras fue estimulada por su familia, y ya en 1933 publicó el volumen de cuentos Diecisiete disparos contra lo porvenir.

Pronto se vinculó culturalmente al círculo cosmopolita de la revista Sur; su amistad con Jorge Luis Borges sería decisiva en su carrera literaria. En 1932 conoció a Borges en casa de Victoria Ocampo, y también a su hermana Silvina Ocampo, quien se convirtió en su esposa en 1940. La estrecha amistad con Borges duró hasta la muerte de éste en 1986 y dio origen a una serie de obras escritas en colaboración y firmadas con los seudónimos de B. Suárez Lynch, H. Bustos Domecq, B. Lynch Davis y Gervasio Montenegro: Seis problemas para don Isidro Parodi (1942), Dos fantasías memorables (1946), Un modelo para la muerte (1946), Crónicas de Bustos Domecq (1967), Nuevos cuentos de Bustos Domecq (1977) y también a dos guiones cinematográficos, Los orilleros y El Paraíso de los creyentes (ambos de 1955).

El mismo año de su boda publicó La invención de Morel (1940), su obra más famosa y un clásico de la literatura contemporánea. Narrada en primera persona y ambientada en una isla desierta, en la trama se entrecruzan el delirio, la pasión amorosa y la idea de inmortalidad.

Para entonces Bioy Casares había renegado de sus escritos anteriores, entre ellos las narraciones La estatua casera (1936) y Luis Greve, muerto (1937). En la fructífera década de 1940 publicó los volúmenes de relatos La trama celeste (1944), El perjurio de la nieve (1948) y Las vísperas de Fausto (1949), además de la novela Plan de evasión (1945), que relata una diabólica propuesta del Dr. Castel, gobernador de la isla del Diablo y discípulo de William James, consistente en practicar sobre unos prisioneros una nueva teoría de la percepción. En colaboración con su mujer escribió la novela policíaca Los que aman, odian (1946); codirigió con J. L. Borges la prestigiosa colección del género El Séptimo Círculo y los tres compaginaron la Antología de la literatura fantástica (1940).

En el decenio de los cincuenta publicó los cuentos de Historia prodigiosa (1956) y Guirnalda con amores (1959). El sueño de los héroes (1954), quizás su mejor novela, narra cómo una pandilla de amigos recorre los suburbios de Buenos Aires durante los tres días del carnaval de 1927 en busca de aventuras y diversiones; años después el protagonista, Gauna, intenta regresar al pasado ignorando que el viaje puede originar el despliegue de posibilidades anteriormente evitadas.

En esta obra la geografía del barrio porteño está inmersa en un clima alucinante que vuelve a encontrarse en Diario de la guerra del cerdo (1969), sobre la guerra de los jóvenes contra los viejos, y en Dormir al sol (1973), centrada en el informe que Lucio Bordenave escribe en un sanatorio frenopático en el que ha sido confinado. Humor, ironía y parodia aparecen en los cuentos de El lado de la sombra (1962), El gran Serafín (1967) y El héroe de las mujeres (1978). Por otra parte, Breve diccionario del argentino exquisito (1971) es una observación sobre el lenguaje.

Obras posteriores de Bioy Casares son las novelas La aventura de un fotógrafo en La Plata (1985) y los cuentos de Historias desaforadas (1986) y Una muñeca rusa (1991). En la década de los noventa publicó la novela Un campeón desparejo (1993); los libros de recuerdos Memorias. Infancia, adolescencia y cómo se hace un escritor (1994) y De jardines ajenos (1997) y el volumen de cuentos Una magia modesta (1998).

Su obra narrativa le valió diversos galardones, como el Gran Premio de Honor de la Sociedad Argentina de Escritores (SADE) en 1975 y el Premio Cervantes en 1990. Se lo distinguió como Miembro de la Legión de Honor de Francia (1981) y Ciudadano Ilustre de la Ciudad de Buenos Aires (1986). Fueron llevadas al cine El perjurio de la nieve, con el título de El crimen de Oribe, Diario de la guerra del cerdo (dirigida por Leopoldo Torre Nilsson) y El sueño de los héroes (con dirección de Sergio Renán).

Falleció el 8 de marzo de 1999, a los 84 años, a consecuencia de un fallo multiorgánico derivado de su deteriorado estado general. Fue inhumado en la bóveda de su familia en el Cementerio de la Recoleta, donde también reposan los restos de su esposa y su cuñada.

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