Sesión del Club (Grupo A): Muero por dentro

“Hay verdaderas fuerzas invisibles, pero no habría tantas como creemos, ni nos gobernarían tan severamente si no las admitiéramos en nuestras almas. No seríamos atacados con tanta frecuencia por diablos, si no nos hubiéramos tomado la molestia de inventar a tantos de ellos.”

David Selig nació con la capacidad de leer el pensamiento. No puede transmitir los suyos, porque para que los demás los recibieran deberían tener su misma capacidad. Su habilidad ha hecho de él un desgraciado, un paria, un marginado, pues saber lo que la gente piensa no le ha servido más que para frustrarse, para deprimirse, para aislarse de sus congéneres, a quienes considera esencialmente mentirosos y falsos.

Hijo único de una típica pareja judía neoyorquina, este don increíble moldeó su mal carácter desde pequeño, así que por indicación del terapeuta que le trataba, sus padres intentaron tener un hermanito, pero tras varios intentos que terminaron en aborto espontáneo (su madre ya rondaba los 40), sus progenitores adoptaron a una niña cuando él contaba unos 10 de edad. Por supuesto el nuevo miembro de la familia no sirvió de ninguna ayuda al protagonista.

Su misantropía, su soledad, su abandono continuaron año tras año. Sólo con un par de chicas logró mantener relaciones de cierta entidad, pero las mismas se vieron adulteradas por su capacidad de conocer los pensamientos ajenos. Incluso tras dar por casualidad con otra persona dotada de sus mismas facultades, nada mejoró, pues al contrario que él, este mutante se siente afortunado de poseer ese poder y ha logrado emplearlo para que su vida sea más fácil, aunque a David sus estrategias le parezcan faltas de escrúpulos y su amistad débil e interesada.

Cuando conocemos al protagonista son mediados de los años 70 y malvive redactando trabajos de literatura para estudiantes universitarios mediocres. Su hermana intenta rehacer su relación con él, marcada por el odio mutuo desde siempre, y a David se le hace cada vez más difícil afrontar su existencia porque está perdiendo su extraordinaria habilidad a pasos agigantados, y aunque nunca le haya hecho feliz, esa es la única realidad que conoce.

El conflicto que se desarrolla no puede ser más típicamente humano: la pérdida de sus asombrosos poderes, a los que considera culpables de todas sus desgracias, lejos de alegrarle, le hacen aún más infeliz porque va directo a una situación desconocida a la cual no le quedará más remedio que adaptarse.

Silverberg completó esta novela en nueve semanas, que fue un ritmo lento para él durante sus años más jóvenes. Afirma que en esa época escribía normalmente una novela en tres o cuatro semanas, y su libro (de 1967) “Thorns” fue terminado en diez días (y fue nominado para un Hugo y un Nebula). “Muero por dentro” marcó un punto de inflexión para Silverberg, y el ritmo de trabajo que parecía lento para el novelista dio el tono para sus futuros proyectos. “Nunca más, después de escribir Muero por dentro”, admitió, “escribí una novela completa en tan sólo nueve semanas. Aquello era una extravagante habilidad”.

La novela fue finalista a los premios Hugo, Nebula y Locus (tercera posición), perdiendo todos ellos ante “Los propios dioses” de Isaac Asimov.

Robert Silverberg (1935-)

Nació en Nueva York el 15 de enero de 1935. Hijo único de Helen y Michael Silverberg, tenía un carácter más bien introspectivo y la lectura fue una de sus grandes aficiones desde pequeño. Estudió Literatura Comparada en Columbia, obteniendo el título en 1956. Ese mismo año contrajo matrimonio con Barbara Brown. En 1972 se trasladan a la Costa Oeste, a San Francisco, y en 1976 el matrimonio se separa. En 1986 se divorcian y en 1987 Silverberg contrae nuevo matrimonio con la también escritora Karen Haber, con quien había colaborado en diversos proyectos.

Silverberg es un autor prolífico y muy galardonado. Entre sus premios figuran cinco Hugos (y 28 nominaciones), cinco Nebulas (y 22 nominaciones), siete Locus (y 148 nominaciones) y el Damon Knight Gran Maestro de 2004, aparte de otros muchos premios. Además es el único autor que ha conseguido alguno de los grandes premios durante seis décadas seguidas, hecho del cual se siente justificadamente orgulloso.

Lector voraz y admirador de H.G. Wells, Heinlein o Stapledon, uno de sus tesoros más preciados es un ejemplar de Astounding de 1950 firmado por Fritz Leiber y John Campbell.

Muy joven, a los 14 años, editó su primera revista y escribió, con escaso éxito, sus primeros relatos. En 1954 vendió su primer relato de ciencia ficción, Planeta Gorgona, a la revista británica Nebula. Hasta 1959 escribió una enorme cantidad de relatos (más de doscientos) y once novelas, alguna en colaboración con Garrett (con el pseudónimo conjunto de Robert Randall). Su prioridad en aquel momento era ganar dinero, por lo que él mismo reconoce que la calidad de su producción bajó mucho. Escribió un millón de palabras por año, aunque se limitaba a producir aquello que las revistas le pedían, casi siempre space-opera, a veces bajo pseudónimo. Pero ese año, en parte decepcionado por el bajo nivel del género -que él mismo había contribuido a rebajar con su producción masiva por encargo- y en parte porque desde 1958 las revistas sufrieron una crisis generalizada que condujo al cierre a muchas de ellas y a una selección más estricta de los contenidos a las supervivientes, abandona la ciencia ficción y se dedica a escribir obras de otros géneros (western, erótica, misterio, divulgación para un público juvenil), aunque sigue participando como fan en diferentes convenciones. De esta época tiene una amplia producción con más de cincuenta pseudónimos.

En 1965 Frederik Pohl se convierte en editor de Galaxy y consigue convencer a Silverberg de que puede escribir ciencia ficción de calidad. Silverberg comienza a publicar cuentos como Para ver al hombre invisible, Moscas (ambos recogidos en la antología Visiones peligrosas de Harlan Ellison), Caliban, etc. A finales de esta década pertenecen algunas de sus mejores novelas, como Alas nocturnas, El libro de los cráneos o Regreso a Belzagor. Es el mejor Silverberg: introspectivo, personajes profundos, con la soledad y la búsqueda de redención como motores; en sus obras analiza los contactos de humanos con extraterrestres y retrata perfectamente a los alienígenas mismos, quizá buscando en ellos una alternativa real a las dudas de la existencia humanas. Es también el más galardonado: de esta época son la mayor parte de sus numerosos premios. En 1970 fue el invitado de honor de la Convención Mundial de Fantasía y Ciencia-ficción.

En 1980 publicará El castillo de lord Valentine, primera de las novelas situadas en Majipur. A partir de este momento, apenas escribirá relatos, y sus obras serán relatos largos o novelas (la saga de Majipur. Gilgamesh el rey), quizá más relacionados con la fantasía que con la cifi estricta, y con unos personajes menos elaborados.

Fue nombrado Gran Maestro de la ciencia ficción en 2004.

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