Archivo de la categoría: Sesiones del Club

“Tengo gran fe en el futuro de los libros -no importa la forma que puedan tener- y en el de la ciencia ficción.”

Connie Willis

Segunda novela en solitario (tras Lincoln’s Dreams, de 1987) de una autora mejor conocida por sus antologías (la colección Fire Watch, etc.).

El libro del día del juicio finalEn Oxford, en la Navidad de 2054, el viaje en el tiempo es una herramienta consolidada de investigación histórica. Kivrin Engles ha trabajado diligentemente para adquirir el lenguaje y las habilidades prácticas necesarias para sobrevivir en el siglo XIV, ya que su destino es la Navidad de 1320. Cerca de allí, una excavación arqueológica está descubriendo artefactos de la misma época. Pero los problemas acosan al “lanzamiento”: el cronograma de Kivrin es avanzado por Gilchrist, el profesor a cargo (que está más preocupado por su reputación que por la seguridad de sus investigadores) antes de que sus vacunas puedan ejercer su efecto inmunizador.

Mientras tanto, el técnico a cargo de los cálculos de tiempo, Badri, cae misteriosamente enfermo justo cuando el lanzamiento sigue adelante. Dunworthy, el mentor académico y amigo de Kivrin, cuya autoridad ha usurpado Gilchrist, sospecha que algo ha salido mal. Pero el delirante Badri sólo puede dar pistas inconexas. Pronto una epidemia de gripe en toda regla está en pleno apogeo.

Mientras tanto, en el siglo XIV, Kivrin supera los obstáculos iniciales (cae enferma de gripe, su traductor mental no funciona) para integrarse en la vida y la gente de un pequeño pueblo. En particular, admira a Roche, el sacerdote, un anglosajón simple y analfabeto despreciado por la aristocracia normanda local.

Pero cuando un enigmático “mal azul” se apodera de la aldea, Kivrin se da cuenta de que no está en 1320, sino en 1348, el año en que la peste bubónica azotó Inglaterra. Pronto, toda la aldea se ve afectada, se multiplican los enfermos y los muertos, cuidados sólo por Kivrin y Roche, que, irónicamente, cree que es una santa enviada por Dios para restaurar la fe.

Mientras tanto, en el siglo XXI, Badri bordea la muerte; Dunworthy, desesperadamente preocupado por Kivrin, también sucumbe. La peste domina ambos siglos.

Esta historia de dos epidemias podría ser un modelo de “hombre contra la naturaleza”, pero aunque ciertamente la gripe y la peste negra pueden verse como antagonistas en un sentido de trama, la historia real es “el hombre aprende la lección”. Una de las partes más efectivas del libro nos muestra a Kivrin cuando comienza a contar las muertes. Sabe que la Peste Negra mató “entre un tercio y la mitad” de Europa, y cree que matará a un tercio, o como máximo la mitad, de la aldea. La lección que Kivrin aprende es que la historia es real, que significa realmente “una tercera parte” o “la mitad” de la población de Europa, y que todos los que la rodean, durante todo el tiempo, son personas.

Willis dibuja personajes sólidos, detalles nítidos, casi perfectos y excelentes subtramas que mantienen la tensión a un nivel casi insoportable. La trama se mueve hacia adelante, en ambos períodos de tiempo sucesivamente, hasta que vuelven a juntarse al final. Todos los personajes funcionan y todo lo que les sucede les duele.

Espléndido trabajo producto de una investigación diligente, de una escritura refinada y de unos instintos bien afinados. En palabras de Miquel Barceló: “Willis explora con maestría el tema atemporal de la enfermedad, el sufrimiento y la indomable voluntad del espíritu humano.”

Ha sido galardonada con los siguientes premios: Nébula a la mejor novela (1992), Hugo a la mejor novela (1993, junto con Un fuego sobre el abismo), Locus a la mejor novela de ciencia ficción (1993), Kurd Lasswitz a la mejor novela extranjera (1994) y el Ignotus a la mejor novela extranjera (1995).

 

Connie Willis (1945-)

Constance Elaine Trimmer Willis nació en el año 1945. Ha trabajado como profesora y en la actualidad vive en Greely (Colorado), con su marido y su hija. Aunque su obra ha sido hasta hoy poco publicada en España es, sin duda, uno de los nuevos valores de la ciencia ficción moderna.

Después de publicaciones esporádicas de relatos iniciados en 1971, en los años ochenta Connie Willis pasó a dedicarse a tiempo completo a la tarea de narradora. Escribió su primera novela Water Witch (1982) en colaboración con Cynthia Felice, con quien ha  colaborado también en Raid de Luz (1989). Se trata de obras interesantes pero que quizá no llegan al alto nivel de sus novelas en solitario: Lincoln’s Dream (1987) que obtuvo el John W. Campbell Memorial, y El libro del día del juicio final (1992, NOVA ciencia ficción, n. 68) con la cual Connie Willis obtuvo los premios Nebula, Hugo y Locus, que la confirman como la mejor novela del género aparecida en 1992.

Connie Willis

Algunos de los primeros relatos de Willis se han recogido en la antología Fire Watch (1985), que incluye el relato del msimo título galardonado con el el Nebula y el Hugo. Otra antología más reciente es Impossible Things (1993).

Una de sus preocupaciones centrales es el tema del viaje en el tiempo, que es el eje de su primer relato famoso, Servicio de Vigilancia (1982, en Martínez Roca SuperFicción n. 114), en el que el protagonista, un historiador del futuro, viaja a la época del bombardeo de Londres durante la Segunda Guerra Mundial para acabar mezclado en el intento de salvar la Catedral, con lo cual conocerá mucho más de si mismo que de la historia que pretendía estudiar.

Willis utiliza también el tema del viaje temporal en su novela Lincoln’s Dreams (1987), con una joven a quien sus sueños sobre al guerra de sucesión norteamericana le permiten experimentar esta situación como a un personaje histórico. De nuevo el viaje en el tiempo permite a una historiadora del futuro visitar la Edad Media asolada por la Peste negra en El libro del dia del juicio final.

Gran especialista en la narración corta, destaca también entre las interesantes obras cortas de Willis, el relato A letter from Clearys (1982,Premio Nebula), la novela corta The Last of Winnebagos (1986, premio Nebula y Hugo), el relato At the Rialto (1989, premio Nebula) y los cuentos cortos Even the Queen (192, premio Nebula,Hugo i Locus) i Death on the Nile (1993, premio Hugo).

Connie Willis tiene publicadas en España: Cese de alerta (2013), El apagón (2011), Lo mejor de Connie Willis II (2010), Lo mejor de Connie Willis I (2008), Infiltrado (2006), Oveja mansa (2006), Tránsito (2004), El espíritu de la Navidad y otras historias navideñas (2000 (2006)), Por no mencionar al perro (1999 (2007)), Remake (1997), El libro del día del juicio final (1992 (2010))

 

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Sesión del Club: Contacto

“En algún lugar, algo increíble está esperando a ser descubierto”

Carl Sagan

La novela trata sobre lo que podría ser el contacto con una cultura extraterrestre inteligente, sobre cómo se vería afectada la especie humana al conocer que no estamos solos en el universo, lo que sería un gran cambio en la historia de la humanidad. La protagonista es Eleanor (Ellie) Arroway. Sus extraordinarias dotes y perseverancia la llevan al frente del proyecto Argus del SETI, dedicado a captar emisiones de radio provenientes del espacio. El proyecto Argus, un sofisticado complejo de radiotelescopios, busca la señal que indique la existencia, en algún lugar del universo, de una inteligencia extraterrestre.

Un día, sus radiotelescopios captan una señal compuesta por una serie de números primos, lo que se considera evidencia de una inteligencia extraterrestre. Es un mensaje de radio desde la lejana estrella Vega, donde una civilización inteligente está dispuesta a establecer contacto con la Tierra y cuenta con tecnología para ello. El mundo se ve conmocionado ante la enormidad del acontecimiento. La señal, además, contiene instrucciones para construir una compleja máquina. Una vez construida, cinco tripulantes, incluida la propia Ellie, son transportados a través de varios agujeros de gusano (ellos creen que es por medio de agujeros negros) a un punto en el centro de la Vía Láctea, específicamente en la constelación de Lyra y en Vega donde se reúnen con extraterrestres que adoptan la forma de un ser querido para cada uno de ellos.

Al volver a la Tierra, descubren que su viaje apenas ha durado veinte minutos de tiempo real, y que no quedan pruebas grabadas, por lo que son acusados de fraude y sometidos a frecuentes interrogatorios.

En una especie de epílogo, Ellie actuando según una sugerencia de los emisores de la señal, trabaja en un programa para encontrar patrones ocultos en los decimales del número pi. Finalmente encuentra oculto en la representación en base 11 un patrón especial en el que los números dejan de variar de forma aleatoria y comienzan a aparecer unos y ceros en una secuencia. La única forma de ocultar semejante mensaje en pi es que el propio creador del universo lo hubiera hecho. Por lo que Ellie empieza una nueva búsqueda análoga al SETI en el aparente ruido de los números irracionales.

Además de ciencia ficción se describe ciencia real, nos adentra en la sociedad estudiosa de astrofísicos, la vida de un investigador que antepone sobre todo lo demás su carrera profesional.

Publicado en 1985, el libro se convirtió en un best seller. Doce años después, el oscarizado Robert Zemeckis llevó esta historia al cine, con Jodie Foster como protagonista. Este era un proyecto en el que estuvo trabajando Francis Ford Coppola, bien para dirigirlo o para producirlo, que le fue arrebatado en el último momento, según él de mala manera, con el consiguiente proceso judicial, que perdió.  El final de la novela fue completamente omitido en el film, que fue un fracaso, tanto de público como de crítica.

Carl Sagan (1934-1966)

1963-1969, Boston, Massachusetts, USA — Carl Sagan Holding Plaque — Image by © Jeff Albertson/CORBIS

Fue un conocido y popular astrónomo, astrofísico, cosmólogo, escritor y divulgador científico estadounidense.

Hijo de inmigrantes europeos (su padre, Samuel, era un emigrante ucraniano y su madre, Rachel, neoyorquina de padres austrohúngaros, ambos pertenecían a una rama moderada del judaísmo), quienes le aseguraron una buena educación y estimularon su afán investigativo, Sagan demostró, desde muy temprana edad, un gran interés por la ciencia. La curiosidad por el cielo y sus estrellas, así como el asombro generado por las novelas de ciencia ficción de su tiempo le despertaron el deseo de viajar e investigar otros planetas. Estudió Física en la Universidad de Chicago y pronto avanzó en su carrera científica, trabajando como científicos de la talla del laureado por el Nobel H.J. Muller y Gerard Kuiper, éste último considerado el padre de la ciencia planetaria moderna.

Pronto fue invitado a colaborar con la NASA y se involucró en los programas Apollo, Mariner, Viking, Voyager y Galileo de exploración espacial. Su trabajo se vinculó a la radioastronomía y, entonces, comenzó a desarrollar un seminario científico sobre la posibilidad de vida extra-terrestre, es decir, el inicio de la búsqueda de vida en otros mundos. Esta actividad era mal vista por la Universidad de Harvard, a la cual se había trasladado. Entonces se desvincula de dicha universidad, aunque pronto es invitado a la Universidad de Cornell, donde permanece como director del Laboratorio de Ciencias Espaciales hasta el final de su vida.

En la década de los 80, con el interés de la NASA por el trasbordador espacial Sagan inicia una etapa de activismo político, alertando sobre el riesgo de las armas nucleares y el deterioro del medio ambiente.

Fue un defensor del pensamiento escéptico científico, acérrimo valedor del método científico y promotor de la búsqueda de inteligencia extraterrestre a través del Proyecto SETI. Impulsó el envío de mensajes a bordo de sondas espaciales, destinados a informar a posibles civilizaciones extraterrestres acerca de la cultura humana.

Recibió numerosos premios y condecoraciones por su labor como comunicador de la ciencia y la cultura; y en 1978, ganó el Premio Pulitzer de Literatura General de No Ficción por su libro “Los Dragones del Edén”.

Carl Sagan ganó gran popularidad gracias a la galardonada serie documental de Televisión “Cosmos: Un viaje personal”, producida en 1980, y de la que fue narrador y coautor.

  • El 28 de septiembre de 1980, tras dos años de rodaje, comienza la emisión de la serie televisiva Cosmos con Carl Sagan como presentador. En trece capítulos, comenzando por “Las orillas del océano cósmico” hasta “¿Quién habla en nombre de la Tierra?”, emitido el 20 de diciembre, se presentaba una visión unitaria de la vida, la ciencia y la sociedad. Ganadora de un Emmy, vista por más de 600 millones de espectadores y con el libro del mismo título en las listas de los más vendidos durante más de 70 semanas, la serie televisiva situó a Sagan, definitivamente, como el científico más popular del planeta.

También publicó numerosos artículos científicos, y participó en más de una veintena de libros de divulgación científica, siendo los más populares sus libros “Cosmos”, y “Contacto” (en el que se basa la película del mismo nombre). En  innumerables  ensayos, y artículos ha reflexionado acerca del papel de la divulgación de la ciencia y de la tecnología y de la importancia del conocimiento científico  en la sociedad moderna.

A partir de 1994, empezó a padecer una enfermedad llamada mielodisplasia, aunque de todos modos escribió “Un Pálido Punto Azul”, “El Mundo y sus Demonios” (un análisis de los mitos y las supercherías, así como la tendencia humana a creer cosas aunque no sean ciertas) y “Miles de Millones” además de colaborar en la producción de la película Contacto.

Falleció el 20 de diciembre de 1996.


Sesión del Club: La chica mecánica

Hubo una vez un mundo diferente, del que sólo quedan las sombras. Hubo una vez un mundo abundante, con miles de frutas y con una naturaleza bondadosa… pero ahora en la Tailandia del siglo XXII, sólo quedan muchas reglas, mucha gente, poca comida, especies creadas genéticamente, virus mortales, un mar incontrolable y a veces unas cuantas sorpresas.

A finales del siglo XXII, el mundo ha sido devastado por virus mortales, especies enteras han desaparecido, el desbordamiento de los océanos y la pérdida de toda la energía basada en el petróleo. Buques de vela y dirigibles transportan las mercancías. Los ordenadores todavía existen, pero funcionan con pedales, como las máquinas de coser de antaño. Las armas disparan “discos de afeitar” en lugar de balas. Las fábricas emplean megadontes – elefantes genéticamente alterados – para dar vuelta a sus dinamos. Incluso “el Imperio de América ya no existe”, mientras algo inefable pasó en Finlandia. Aún más importante en estado de cosas: corporaciones gigantescas como PurCal y AgriGen se han convertido en fuerzas supra-nacionales, con sus propios ejércitos.

El reino de Tailandia ha sobrevivido hasta ahora, en parte porque selló sus fronteras con el mundo exterior, y que a través de medidas draconianas logró mantener el suministro de alimentos relativamente seguro. El Ministerio de Medio Ambiente, apoyado por los “camisas blancas” un cuerpo de policías brutalmente patrióticos, mantiene una rigurosa seguridad fronteriza y biológica. Se sabe que han quemado pueblos enteros hasta los cimientos, cuando se han detectado casos de alguna plaga mortífera como la “roya”, la “cibiscosis” o los “cerambicidos”. Sin embargo, en los últimos años, la Reina Niña ha permitido que el Ministerio de Comercio ascienda en su posición de poder y que se fomenten algunas pequeñas inversiones extranjeras en el reino.

Pretendiendo ser un desarrollador de innovadores “muelles percutores”, Anderson Lake es de hecho un agente de AgriGen, asignado a Bangkok para orquestar una iniciativa secreta pero agresiva de la corporación con sede en Des Moines. Tiene como empleado a Hock Seng, un chino de edad avanzada envejecido pero que ha sobrevivido a la pérdida de su compañía naviera y a la de toda su familia. Casi pierde su propia vida algunos años antes, durante los genocidios en Malasia, pòr lo que no confía en nadie, mientras sueña con restablecer su nombre y su riqueza.

Por el contrario, Jaidee, el llamado Tigre de Bangkok, es el capitán redelde e idealista de los camisas blancas, decidido a preservar su país contra el ataque de la influencia extranjera y la corrupción. Kanya, la que nunca sonríe, es su Teniente Teniente Kanya sufre de alguna carga oscura en su alma.

Y luego está Emiko, la chica mecánica. Los neoseres, son esencialmente bebés probeta modificados genéticamente, criados en Japón. En otros países se les califica como basura genética, y se les aborrece por nacer sin almas verdaderas. Todos los neoseres se mueven con un paso sincopado, como marionetas en cuerdas invisibles. En esencia, Emiko ha sido diseñada para ser una geisha sumamente hermosa y complaciente. La obediencia ha sido incorporada en su ADN. Su piel parece de marfil suave al haberse reducido el tamaño de sus poros, por eso sufre con el calor pues nunca fue pensada para que funcionara en un clima tropical.

Emiko ha sido abandonada en Bangkok por su patrón, que decidió “adquirir un nuevo modelo en Osaka”. Fue comprada por Raleigh, un hombre sin escrúpulos, un superviviente de “golpes de Estado y contra golpes, plagas calóricas y hambre”, que regenta un club en el barrio de Ploenchit, sonriendo satisfecho mientras instruye a los extranjeros recién llegados en las artes perdidas con la debacle de la Contracción. El nightclub de Raleigh ofrece una demostración del sexo muy especial: cada noche una Emiko embrutecida debe sufrir las atenciones de una compañera de trabajo imaginativamente sádica. Después, su cuerpo es alquilado por cualquier persona que busca una emoción transgresora, prohibida.

Emiko vive en una desesperación casi suicida, hasta la noche en que conoce a Anderson, quien le habla de un enclave de neoseres, “escapados de la guerra del carbón”, que moran en los bosques al norte. Emiko pronto sueña con huir de su destino sórdido y buscar, de alguna manera, viajar a este lugar.

Al mismo tiempo, Anderson sigue la pista del misterioso Gi Bu Sen, que ha desarrollado una nueva fruta, el ngaw, resistente a la roya que ha aparecido recientemente en los mercados tailandeses. Este científico, protegido por el gobierno y que está viviendo en un lujoso aislamiento en un lugarsecreto, este “farang” al estilo de Kurtz, sólo puede ser el renegado Gibbons, que investigó para AgriGen. Gibbons, el genetista más grande del mundo, al que se supone muerto desde hace mucho tiempo. Debe ser encontrado y devuelto a la corporación. Gracias a su genio y al almacén de semillas cuidadosamente conservadas y escondido por el reino, Tailandia ha sido capaz de permanecer “un paso por delante de las plagas”.

A medida que avanza la novela, las maquinaciones políticas se vuelven cada vez más tensas. El general Pracha, el ministro Akkarat, Somdet Chaopraya el siniestro consejero de la Reina Niña, incluso el llamado “Señor del Estiércol”, todos compiten por el poder. Mientras tanto, la teniente Kanya, cada vez más preocupada, conversa con un fantasma: alguien que conoce su secreto. Mientras que Emiko puede ser la chica mecánica, Kanya es la mujer que bajo intensa presión psicológica, se comporta como el mecanismo de un muelle percutor. Cuando todo empieza a desmoronarse, ellas dos determinarán el destino de Krung Thep, la Ciudad de los Seres Divinos: Bangkok.

Paolo Bacigalupi (1972-)

Paolo Bacigalupi Tadini es un escritor estadounidense considerado una de las estrellas actuales del género de ciencia ficción y fantasía. Nació en Colorado Spring, Estados Unidos en 1972. Asistió a la universidad de Oberlin en Ohio, donde conoció a su esposa Anjula (se casaron en 1998). Se especializó en Estudios de Asia Oriental, y después de graduarse en 1994 trabajó en China como consultor para ayudar a las compañías extranjeras a entrar en el mercado chino, y luego regresó a los EE.UU, en 1996, trabajando para una empresa de desarrollo web en Boston.

Inició su andadura editorial con sus relatos, reunidos en la colección La bomba número seis y otros relatos (Fantascy, junio 2013). El libro fue galardonado con el premio Locus a la mejor antología y seleccionado como uno de los mejores libros del año por Publishers Weekly.

Su primera novela The Windup Girl (La chica mecánica, Plaza & Janés, 2011), publicada en Estados Unidos por Night Shade Books en septiembre de 2009, ganó los premios Hugo, Nebula y John W. Campbell Memorial Award en 2010. Fue elegida uno de los mejores libros de 2009 por Time Magazine, Publishers Weekly y Library Journal. La chica mecánica también fue considerada por la revista Time como uno de los 10 libros más importantes de 2009. También ha gozado de reconocimiento internacional al ser premiado con el Ignotus (España), el Kurd-Laßwitz-Preis (Alemania), el Prix Planète-SF des Blogueurs (Francia) y el Seiun Award (Japón).

Le siguió una novela destinada a público juvenil y adulto, Ship Breaker, publicada en su país de origen por Little Brown en 2010 y aquí como El cementerio de barcos (Plaza & Janés, 2012) Ambientada en ese mismo futuro que imaginaba en La chica mecánica, que ganó los premios Locus y Michel L. Printz y fue finalista del National Book Award. La secuela, The Drowned Cities, fue finalista del Los Angeles Times Book Prize y figuró entre la selección de los mejores libros juveniles de 2012 de Kirkus Reviews. El cuento «El jugador», que figuró en la antología Terra Nova 3 (Fantascy, noviembre 2014), se llevó el premio Ignotus al mejor relato extranjero. Ha publicado también The Water Knife (New York: Knopf Borzoi, 2014) traducido como El cuchillo de agua.

Su obra de ficción ha aparecido en The Magazine of Fantasy and Science Fiction, en Asimov’s Science Fiction, y en el periódico sobre el medio ambiente High Country News. Sus ensayos de no ficción han aparecido en Salon.com y en High Country News, y han sido reproducidos en periódicos como el Idaho Statesman, el Albuquerque Journal y el Salt Lake Tribune. Ha sido webmaster de High Country News a partir de 2003.

Paolo Bacigalupi vive en Paonia, una pequeña ciudad de Colorado, en Estados Unidos, con su esposa y el hijo de ambos.

Sitio web oficial


Sesión del Club (Grupo A): La larga marcha

Alguna vez la Larga Marcha ha sido detenida por alguna causa? —preguntó Harkness.
—No lo creo —dijo Garraty—. ¿Más material para el libro?
—No —respondió Harkness con voz cansada—. Sólo para mi información personal.
—Se detiene cada año —dijo Stebbins desde detrás de ellos—. Una vez.

“La larga marcha” es uno de los famosos “Bachman Books”, las novelas que Stephen King escribió antes de publicar con su propio nombre, y que sólo fueron publicadas (bajo el seudónimo de Richard Bachman) tras el éxito de “Salem’s Lot”. De hecho, “La larga marcha” es el más antiguo de sus libros, escrito cuando tenía apenas 18 años.

Decir de una novela de un autor consagrado que es “juvenil” no quiere decir que sea mala, sólo que las ideas, la ejecución, etc. son un ensayo de las habilidades que hacen de King un escritor sobresaliente en novelas posteriores. Se podría esperar que “La larga marcha” cayera en esos errores juveniles, pero, de alguna manera, los trasciende. Este libro es uno de los mejores trabajos de King: una horrorosa pieza de no-horror que es tan poderosa hoy como lo fue cuando apareció en 1979.

Cien muchachos adolescentes son escogidos en una lotería televisada por una versión despótica del ejército de los EEUU, y aceptan participar en una carrera, en la que no pueden detenerse. Si sus pasos caen por debajo de 6’5 kilómetros/hora reciben una advertencia. Tras tres avisos son ejecutados a tiros. De los cien que empiezan la caminata, sólo uno sobrevivirá y se le concede el premio final: todo lo que quiera para el resto de su vida. Y ya está.

Hay rastros de “La larga marcha” en un gran número de novelas contemporáneas de autores jóvenes -la serie de “Los juegos del hambre”, por ejemplo- pero, a diferencia de los libros en que ha influido, “La larga marcha” es en realidad puro miedo. Es amenazante e inquietante, y dada la naturaleza alegórica del contenido de la novela, así debe ser. Quizá podemos considerar “¿Acaso no matan a los caballos?” de Horace McCoy, más próxima al relato de King, porque es una gran novela de terror, de terror social, aunque todo lo que se cuenta en ella sí ocurrió en la realidad.

No hay grandes malos escondidos en las sombras (a menos que consideremos al Mayor -un giro fascista actualizado de la figura del Tío Sam- que organiza el evento y anima a los chicos a caminar), no hay enormes giros narrativos, no tenemos un deus ex machina. Es un libro que comienza con cien personajes que, de manera lenta pero segura, son reducidos a uno. A veces ocurre en ráfagas de descripción vívida: sus infracciones registradas y detalladas, las balas silbando desde las páginas. A veces sucede a través del boca a oreja, como los chismes que se cuentan los chicos que quedan vivos sobre su número cada vez más menguante. Pero sabes que noventa y nueve de estos muchachos van a morir, y entonces el libro terminará. En realidad no hay ninguna razón que justifique por qué la marcha sucede. Se refieren a ella como “el deporte nacional”, y eso significa un entretenimiento de primera magnitud, visto por millones en la televisión.

“La larga marcha”, evidentemente, es una metáfora de la guerra. Específicamente, del conflicto de Vietnam que estaba ocurriendo durante la gestación de la novela: el proyecto televisado, el horror de ver como mueren amigos recién conocidos, la aparente falta de razón para que todo esto ocurra.

King logra encapsular algo de lo que representa seguir vivo, cuando todo a tu alrededor es sangre y disparos en la oscuridad que matan a tus amigos. Para todos los involucrados, es una carrera interminable. O, más bien, que sólo tiene un fin. Y da igual quien sea el ganador, está destruido más allá de toda esperanza. La clave nos la da este diálogo entre Garraty y McVries:

—Es un fraude —repuso McVries con voz temblorosa—. No hay ganador, ni Premio. Al último superviviente se lo llevan después detrás de cualquier granero y lo rematan también.
—¡No seas estúpido! —le gritó Garraty, furioso—. No tienes la menor idea de lo que estás dicien…
—Todo el mundo pierde —repitió McVries

La naturaleza absurda del reclutamiento por el ejército, los gritos de cumplir con tu deber y honrar a tu país, todo eso está en “La larga marcha”. En el orgullo que el Mayor inspira al principio y al final. En los himnos nacionales y los desfiles, en las banderas de los jeeps. En la manera en que los marchadores (odiando al Mayor mientras la carrera continúa) se detienen a aplaudirle cuando éste pasa en una demostración de culto a la personalidad. En los ojos muertos y en las balas con las que soldados insensibles van matando a los chicos que no han hecho nada malo, excepto parar de caminar.

Y en los propios marchadores, que no saben por qué se inscribieron, y no entienden por qué están haciendo esto, pero saben que no pueden detenerse hasta que se les diga que ya se acabó.

Stephen King (1947-)

Stephen Edwin King nació en Portland, Maine en 1947, es el segundo hijo de Donald y Nellie Ruth Pillsbury King. Después de la separación de sus padres, él y su hermano mayor, David, fueron criados por su madre. Parte de su infancia la pasó en Fort Wayne, Indiana, donde vivía la familia de su padre y en Stratford, Connecticut. Cuando Stephen tenía once años, su madre llevó a sus hijos de vuelta a Durham, Maine, donde sus padres, Guy y Nellie Pillsbury, con la vejez habían quedado incapacitados. Ruth King fue persuadida por sus hermanas para hacerse cargo del cuidado físico de la pareja de ancianos. Otros miembros de la familia les proporcionaron una pequeña casa en Durham y apoyo financiero. Después de la muerte de los abuelos de Stephen, la señora King encontró trabajo en las cocinas de Pineland, un centro residencial cercano para personas con retraso mental.

Stephen asistió a la escuela Primaria en Durham y luego siguió la Secundaria en Lisbon Falls, donde se graduó en 1966. A partir de su segundo año en la Universidad de Maine en Orono, escribió una columna semanal para el periódico escolar “The Maine Campus”. También fue activo en política estudiantil, como miembro del Senado del Estudiante. Apoyó activamente el movimiento contra la guerra en el campus de Orono, llegando a esta posición desde un punto de vista conservador que afirmaba que la guerra en Vietnam era inconstitucional. Se graduó de la Universidad de Maine en 1970, con una licenciatura en Inglés y calificado para dar clases en el nivel de preparatoria. Una revisión médica realizada inmediatamente después de la graduación le declaró “no apto” para el servicio militar a causa de la alta presión sanguínea, visión limitada, pies planos, y los tímpanos perforados.

Se casó con Tabitha Spruce en enero de 1971. La había conocido en la Biblioteca Fogler en la Universidad  donde ambos trabajaban como estudiantes. Como Stephen fue incapaz de encontrar trabajo como profesor, vivían de su trabajo como obrero en una lavandería industrial, y de los ahorros y el préstamo de estudiante de Tabitha, con aportaciones ocasionales si le publicaban una historia corta en revistas masculinas.

Stephen hizo su primera venta profesional con el relato corto “El suelo de cristal” al Startling Mystery Stories, en 1967. A lo largo de los primeros años de su matrimonio, continuó vendiendo cuentos a revistas para hombres. Muchos de éstos fueron recogidos más adelante en la compilación Night Shift (“Turno de noche”) o aparecieron en otras antologías. En otoño de 1971, Stephen comenzó a impartir clases de inglés de secundaria en la Hampden Academy, la escuela secundaria pública en Hampden, Maine. Escribía por las tardes y los fines de semana, produciendo cuentos y trabajando en novelas. En la primavera de 1973, Doubleday & Co. aceptaron la novela “Carrie” para su publicación. En el Día la Madre de ese año, Stephen entendió (gracias a su nuevo editor de Doubleday, Bill Thompson) que una venta importante en edición de bolsillo le proporcionaría los medios para abandonar la enseñanza y escribir a tiempo completo.

Al final del verano de 1973, los King se trasladan hasta el sur de Maine debido a la mala salud de la madre de Stephen. Alquilan una casa de verano en el lago Sebago en North Windham, en la que Stephen escribió su siguiente novela publicada, en una pequeña habitación en el garaje. Fue titulada originalmente Second Coming (“Segunda Venida”)  y luego Jerusalem’s Lot, antes de convertirse en Salem’s Lot (“El misterio de Salem’s Lot”). Durante este período, la madre de Stephen murió de cáncer, a los 59 años de edad.

Carrie fue publicada en la primavera de 1974. Ese mismo otoño, los King dejaron Maine para trasladarse a Boulder, Colorado. Vivieron allí poco menos de un año, durante el cual escribió The Shining (“El resplandor”) , que transcurre en Colorado. A su vuelta a Maine en el verano de 1975, compran una casa en la región de los lagos del oeste de Maine. En esa casa, Stephen terminó de escribir The stand (“La danza de la muerte”), cuya acción transcurre en Boulder.  The Dead Zone (“La zona muerta”) fue escrita en Bridgton.

En 1977, los King pasaron sólo tres meses, de una estancia prevista de un año, en Inglaterra. Volvieron a casa a mediados de Diciembre, para cerrar la compra de un nuevo hogar en Center Lovell, Maine. Después de vivir allí durante un verano, se trasladaron al norte a Orrington, cerca de Bangor, de modo que Stephen podía dar clases de escritura creativa en la Universidad de Maine en Orono. Más tarde volvieron a Center Lovell en la primavera de 1979. En 1980, compraron una segunda casa en Bangor, conservando la casa de Center Lovell para estancias de verano. Stephen y Tabitha ahora pasan los inviernos en Florida y el resto del año en sus casas de Bangor y Center Lovell. Los King tienen tres hijos: Naomi Rachel, Joe Hill y Owen Phillip, y cuatro nietos.

Stephen es de ascendencia irlandesa-escocesa, mide 1’95 m. y pesa alrededor de 80 kilos. Tiene los ojos azules, piel clara, el pelo grueso y negro, con un mechón de blanco más notable en su barba, que a veces se deja entre el final de la Serie Mundial y la apertura de la pretemporada de béisbol en Florida. De vez en cuando lleva bigote. Ha llevado gafas desde que era niño.

Ha aportado algo de su experiencia con el grupo teatral de la universidad haciendo cameos en varias de las adaptaciones cinematográficas de sus obras, así como un pequeño papel en la película de George A. Romero, Knigthriders (“Los caballeros de la moto”) . Su hijo Joe Hill King también apareció en Creepshow , estrenada en 1982. Stephen hizo su debut como director, además de escribir el guión, en la película Maximum Overdrive (“La Rebelión de las Máquinas”) en una adaptación de su cuento corto “Camiones”, en 1985.

Stephen y Tabitha ofrecen becas para los estudiantes de la escuela secundaria local y contribuyen en muchas otras organizaciones benéficas tanto locales como nacionales.

Stephen fue galardonado en 2003, con la Medalla de la National Book Foundation por su contribución distinguida a las letras estadounidenses. También recibió el 2014 la National Medal of Arts.

Adaptado de la biografía del autor, publicada en su sitio oficial


Sesión del Club (Grupo B): Pórtico

“El experimento que yo quería probar consistía en completar tanto como pudiera  ese  mundo.  Decir  de  él  todo  lo  que  supiera.  No  sólo  para  explicar  el porqué  del  comportamiento de  los  personajes.  No  sólo  los parámetros físicos.  Las  costumbres,  la  vestimenta,  las  diversiones,  las  represiones,  los  estímulos sensoriales. Para conseguirlo sin exigir a los personajes que se explicaran mutuamente las cosas en una charla sin fin, adopté el sistema del sidebar o texto lateral. No pretendo decir  que  sea  un  invento.  Es  una  técnica  periodística.”

Frederick Pohl (1919-2013)


Sesión del Club (Grupo B): Crónicas marcianas

Unas de las características más aclamadas de Crónicas marcianas es precisamente la capacidad de Bradbury para hacer poesía con la ciencia ficción:

“Los ojos y la mente de Spender poblaron las calles. Unas siluetas se movían como vapores azules por las avenidas empedradas y había débiles murmullos, y unos extraños animales se escurrían por las arenas de color gris rojizo. Alguien saludaba desde las ventanas (moviendo lentamente la mano como si estuviese sumergido en un agua intemporal), a unas sombras que se arrastraban en el espacio bajo las torres plateadas por las lunas. Una música sonaba en algún oído interior, y Spender imaginó las formas de los instrumentos que evocaban esa música. Era un país encantado.”
(Aunque siga brillando la luna)

Bradbury está alejado del frío cientifismo de autores como Asimov, que consideraba el conjunto de relatos como una especie de pastoral marciana. Para Isaac Asimov, Crónicas marcianas es, en esencia, “una fiesta de inocencia aldeana y nostalgia en un marco futurista”.


Sesión del Club (Grupo A): El fin de la infancia

“Comparada con las épocas anteriores, ésta era la edad de la utopía. La ignorancia, la enfermedad, la pobreza y el temor habían desaparecido virtualmente. El recuerdo de la guerra se perdía en el pasado como una pesadilla que se desvanece con el alba. Pronto ningún hombre viviente habría podido conocerlo.”

Durante la Segunda Guerra Mundial, Clarke vio globos de barrera que flotaban por encima de Londres, parecían OVNIs sobrevolando y protegiendo el área metropolitana de los ataques aéreos nazis. La visión le hizo “desterrar todos los pensamientos del presente peligro” e imaginar el futuro. Al convertir la historia de invasión alienígena clásica en su cabeza, Clarke primero escribió sobre el futuro (soñado en 1950) en un cuento llamado “Ángel Guardián”. La idea de Clarke para el libro se expandió en novela en 1952, incorporando la primera parte del libro, “La Tierra y los superseñores”.

Completado y publicado en 1953, “El fin de la infancia” vendió su primera edición, recibiendo buenas críticas, y convirtiéndose en el primer libro famoso de Clarke. La novela no ganó un premio Hugo (no hubo premios ese año), pero fue nominada para un premio Hugo retro ofrecido en 2004. A pesar de que no ganó, se la considera ampliamente como una de las mejores novelas de Clarke.

Los extraterrestres llegan inadvertidamente y manteniendo sus naves colgadas en la atmósfera terrestre dicen que la Tierra está bajo una nueva dirección: la suya. Pero no destruyen nada: ni edificios famosos, ni bases militares, ni siquiera un puente. En su lugar, promueven la paz mundial, el crecimiento tecnológico, e imponen sólo unas pocas normas paternalistas sobre el mundo. ¿Pero por qué? ¿Estos extraterrestres han viajado a través del universo sólo para jugar a hermanitas de la caridad intergalácticas … o tienen motivos ulteriores?

Durante un tiempo no se dejan ver, y aquí Clarke sorprende ya que encajan perfectamente en la descripción de los demonios del mito: “No había error posible. Las alas correosas, los cuernos, la cola peluda: todo estaba allí. La más terrible de las leyendas había vuelto a la vida desde un desconocido pasado”. Sin embargo, no son criaturas sobrenaturales; su existencia puede ser explicada por procesos completamente naturales, como la evolución.

Los Superseñores alienígenas se refieren a sí mismos como “guardianes” y “parteras”, metáforas para explicar su relación con la humanidad. Sin embargo la que no usan, y quizá sea más adecuada es “padres”. Como “hijos” de los Superseñores, los seres humanos tienen que decidir el camino que quieren tomar hacia la edad adulta. Los Superseñores dicen a la humanidad donde pueden y no pueden ir (el espacio es un gran no-no), qué reglas deben seguir (Estado Mundial o les intervienen), cómo usar su tecnología (las armas nucleares no son juguetes), y a qué hora hay que irse a la cama (bueno, ésta tal vez no …). Suena como los padres hablando a sus hijos adolescentes , ¿verdad?

Así, más que infancia podemos verla como “El Fin de la Adolescencia”, ya que los problemas a los que se enfrenta la raza humana son más parecidos a los que tienen que enfrentarse los adolescentes navegando en el proceso de convertirse en adultos.

Clarke juega un poco en esta novela con el género de la distopia. La mayoría de los futuros distópicos son obviamente lugares horribles para vivir, los pobres son pobres, un grupo selecto controla a todos los demás y las libertades son una memoria perdida hace mucho tiempo. En “El fin de la infancia”, no todo es tan obviamente distópico. De hecho, a primera vista, todo lo que pasa es benéfico. Todo el mundo tiene sus necesidades satisfechas, no hay guerras, y la gente hace turismo en coches voladores. Pero, aunque sólo es notado por unos pocos, el aburrimiento se extiende por toda la sociedad y conduce al estancamiento del arte y la cultura humana. La novela sugiere que el fin del hambre, de la enfermedad y del crimen violento no es algo para desdeñar, pero estas circunstancias ocupan algún escalón necesario para animar a otras partes críticas de la existencia humana.

Por lo tanto, la novela está pintada de utopía en la superficie, pero hay un núcleo distópico en el corazón de la misma.

Clarke es parte de un grupo de autores -incluyendo a Robert Heinlein, Isaac Asimov y otros- a quienes se atribuye básicamente inventar el género de la ciencia-ficción tal como lo conocemos. Pero lo que realmente la acredita en el género es la forma en que la ciencia y la filosofía se tejen en la historia. Los aparatos avanzados a bordo de la nave de Karellen pueden verse como juguetes científicos ingeniosos para usarlos en el relato. Sin embargo es lo que representan esos gadgets lo que hace que esta historia sea de ciencia ficción. Por ejemplo, la tecnología de Karellen y la mera existencia de una especie alienígena pone tensión en las creencias sostenidas por la gente religiosa, y “en pocos días, todos los multitudinarios mesías de la humanidad habían perdido su divinidad”. No es la simple adición de la ciencia a la historia lo que la cualifica como ciencia-ficción, sino la exploración de las implicaciones que esta ciencia trae a la Tierra con ella.

Finalmente, es una historia sobre alcanzar la edad adulta. Sin embargo, en lugar de ser un cuento de llegar a la mayoría de edad una sola persona, como suele ser el caso, es toda la raza humana la que crece. Claramente, algunas personas se contentan con vivir bajo los pulgares dobles extraterrestres, pero otros, como Jan y George, necesitan algo más. Como un niño tratando de encontrar su propio camino, pese a sus padres dominantes, esta novela presenta a la humanidad  tratando de trascender más allá de la interferencia de los Superseñores.

Al final, la humanidad crece y evoluciona fuera de su estado de infancia. Si eso es algo bueno o malo …

Arthur Charles Clarke (1917-2008)

Arthur Charles Clarke nació el 16 de diciembre de 1917, en la ciudad costera de Minehead, en el suroeste de Inglaterra. Fue el mayor de cuatro hijos nacidos en una familia de agricultores, Clarke se fascinó con la ciencia y la astronomía a una edad temprana, escaneando las estrellas con un telescopio casero y llenando su cabeza con cuentos de ciencia ficción de revistas como Astounding Stories. Después de que su padre falleciera repentinamente, las dificultades financieras que su familia soportó impidieron que Clarke asistiera a la universidad a pesar de su mente brillante e inquisitiva. Después de graduarse de la escuela secundaria en la cercana Taunton, Clarke salió de su casa para encontrar trabajo en 1936.

Al llegar a Londres, Clarke encuentra trabajo como burócrata del gobierno. Sin embargo, no había perdido su fascinación por las estrellas, y pronto se convirtió en miembro de la British Interplanetary Society, que defendía la idea de los viajes espaciales mucho antes de que se considerara plausible. Clarke contribuyó con sus artículos al boletín de noticias del grupo y también comenzó sus primeras incursiones en la ciencia ficción.

Aunque estos primeros esfuerzos fueron interrumpidos con la llegada de la Segunda Guerra Mundial, el servicio de Clarke durante el conflicto le daría la oportunidad de satisfacer su aptitud tecnológica. Desde 1941 hasta el final de la guerra, fue técnico de la RAF y uno de los primeros en utilizar la información del radar para guiar los aterrizajes de los aviones en condiciones climáticas desfavorables. Sus experiencias en tiempo de guerra resultarían fundamentales en dos de los primeros trabajos de Clarke como escritor. En 1945, la revista Wireless World publicó su artículo “Extra-Terrestrial Relays”, en el que Clarke teorizó sobre cómo un sistema de satélites geoestacionarios podría ser utilizado para transmitir señales de radio y televisión a todo el mundo. Ésta fue sólo la primera de muchas realidades tecnológicas que Clarke prediría durante su prolífica carrera. Al año siguiente su cuento “Rescue Party” adornó las páginas de Astounding Science Fiction, su primera obra de ciencia ficción había sido publicada.

Al regresar de la guerra, Clarke tuvo oportunidad de continuar su educación superior después de recibir una beca para asistir al King’s College en Londres. Durante este tiempo, también volvió a conectar con la Sociedad Interplanetaria Británica (que presidiría durante varios años) y continuó con sus esfuerzos literarios. Se graduó en 1948 con honores en matemáticas y física y rápidamente empezó a ganar reputación tanto como científico como en su faceta de autor. Mientras trabajaba como editor asistente para la revista Science Abstracts, Clarke publicó el libro de no ficción Interplanetary Flight (1950), en el que discutió las posibilidades del viaje espacial. En 1951, se publicó su primera novela larga, “Preludio al espacio”, seguida dos años más tarde por “Contra la caída de la noche” y “El fin de la infancia” (que fue el primer éxito verdadero de Clarke y posteriormente adaptada como serie de televisión en 2015). Ganó su primer Premio Hugo en 1956 por su cuento “La Estrella”.

La escritura de Clarke le ganó la estima como novelista y le trajo la prominencia como pensador revolucionario. Fue consultado frecuentemente por miembros de la comunidad científica, trabajando con científicos estadounidenses para ayudar a diseñar naves espaciales y ayudar en el desarrollo de satélites para aplicaciones meteorológicas. Además de todas sus actividades sobre el espacio, a mediados de la década de 1950 Clarke comenzó a desarrollar un interés por los mundos submarinos. En 1956, se trasladó a Sri Lanka, estableciéndose primero en la ciudad costera de Unawatuna y más tarde mudándose a Colombo. Clarke vivió en Sri Lanka el resto de su vida y se convirtió en un hábil buceador, fotografiando arrecifes regionales e incluso descubriendo las ruinas submarinas de un antiguo templo. Documentó sus experiencias de buceo en obras como The Coast of Coral (1956) y The Reefs of Taprobane (1957). También utilizó su experiencia para iniciar el negocio de turismo Underwater Safaris.

El destino de Clarke, sin embargo, estaba todavía muy ligado al espacio. Después de ser golpeado con la polio, que limitó su movilidad, volvió su atención de nuevo a las estrellas. Durante los años 60, Clarke vio realizados algunos de sus proyectos más importantes. En 1962 publicó Profiles of the Future, en el que hizo predicciones sobre invenciones hasta el año 2100, y en 1963 el Instituto Franklin le otorgó su premio Ballantine por sus contribuciones a la tecnología satelital. Ese honor fue ampliado el año siguiente cuando el satélite Syncom 3 transmitió los Juegos Olímpicos de Verano desde Tokyo a los Estados Unidos.

La creciente reputación de Clarke como experto en todos los temas del espacio le llevó a la colaboración por la que quizás haya sido más reconocido. En 1964, con el director Stanley Kubrick, Clarke empezó a trabajar en una adaptación cinematográfica de su cuento de 1951 “El centinela”. Se convertiría en el clásico de Kubrick dirigido en 1968 “2001: Una odisea espacial”, ampliamente considerada como una de las mejores películas de la historia. Clarke y Kubrick recibieron una nominación al Oscar por su guión y también colaboraron en el desarrollo de la historia en una novela publicada el mismo año. Clarke, autor y pensador de renombre internacional, continuó su producción prolífica y exitosa durante los años setenta. Su novela de 1973 “Cita con Rama” ganó los premios Nebula y Hugo, una hazaña que repitió varios años después con “Las fuentes del paraíso” (1979). En la década siguiente, Clarke completó las obras autobiográficas Ascent to Orbit (1984) y Astounding Days (1989).

Clarke siguió más adelante con las secuelas literarias “2010: Odisea dos” (publicada en 1982 y adaptada en una película de 1984), “2061: Odisea tres” (1987) y “3001: La odisea final” (1997). A finales de los años sesenta, Clarke pudo participar en una odisea espacial de la vida real cuando fue elegido para unirse a Walter Cronkite como comentarista de la cobertura de CBS del aterrizaje lunar de Apolo 11. Volvió a las ondas para la cobertura de las misiones Apolo 13 y Apolo 15. Posteriormente mantuvo sus colaboraciones con la televisión.

Hacia el final de la década, las complicaciones relacionadas con la poliomielitis redujeron aún más la movilidad de Clarke, confinándole a una silla de ruedas. Continuó escribiendo obras de ficción y no ficción y obtuvo varios reconocimiento por toda su vida de contribuciones. En 1983, se creó la Fundación Arthur C. Clarke para promover el uso de la tecnología, cuyo objetivo era mejorar la calidad de vida, particularmente en los países en desarrollo, a través de becas y premios educativos; en 1986, se estableció el Premio Arthur C. Clarke a la excelencia en la ciencia ficción británica. Clarke también ocupó cátedras en la Universidad de Moratuwa en Sri Lanka de 1979 a 2002 y en la Universidad Internacional del Espacio de 1989 a 2004.

Hasta la vieja Ceilán le persiguieron los prejuicios y se difundió el rumor de que vivía allí entregado a la pederastia, acusación que luego fue desmentida por la autoridades del país. Ese infundio le costó, según explicó uno de sus principales colaboradores, el escritor Stephen Baxter, que se discutiera la conveniencia de otorgarle el título de sir. Cosa que al final hizo personalmente el príncipe Carlos. Cuando se le preguntó si era gay, respondió con coquetería: “No, merely cheerful (No, simplemente alegre)”. En la última década de su vida Arthur C. Clarke fue nombrado caballero por el alto comisionado británico en Sri Lanka; se le concedió el mayor honor civil de ese país, el Sri Lankabhimanya y vio la fundación del Instituto Arthur C. Clarke para la Educación Espacial.

Murió de insuficiencia respiratoria el 19 de marzo de 2008, a la edad de 90 años. Había escrito casi 100 libros, junto con innumerables ensayos y cuentos, e hizo contribuciones inconmensurables al campo de la exploración espacial y la ciencia. En honor a su trabajo, la Unión Astronómica Internacional nombró la distancia de aproximadamente 36.000 kilómetros sobre el ecuador de la Tierra, la órbita de Clarke, y el asteroide No. 4923 recibió la designación de “Clarke”.