Sesión del Club (Grupo A): El fin de la infancia

“Comparada con las épocas anteriores, ésta era la edad de la utopía. La ignorancia, la enfermedad, la pobreza y el temor habían desaparecido virtualmente. El recuerdo de la guerra se perdía en el pasado como una pesadilla que se desvanece con el alba. Pronto ningún hombre viviente habría podido conocerlo.”

Durante la Segunda Guerra Mundial, Clarke vio globos de barrera que flotaban por encima de Londres, parecían OVNIs sobrevolando y protegiendo el área metropolitana de los ataques aéreos nazis. La visión le hizo “desterrar todos los pensamientos del presente peligro” e imaginar el futuro. Al convertir la historia de invasión alienígena clásica en su cabeza, Clarke primero escribió sobre el futuro (soñado en 1950) en un cuento llamado “Ángel Guardián”. La idea de Clarke para el libro se expandió en novela en 1952, incorporando la primera parte del libro, “La Tierra y los superseñores”.

Completado y publicado en 1953, “El fin de la infancia” vendió su primera edición, recibiendo buenas críticas, y convirtiéndose en el primer libro famoso de Clarke. La novela no ganó un premio Hugo (no hubo premios ese año), pero fue nominada para un premio Hugo retro ofrecido en 2004. A pesar de que no ganó, se la considera ampliamente como una de las mejores novelas de Clarke.

Los extraterrestres llegan inadvertidamente y manteniendo sus naves colgadas en la atmósfera terrestre dicen que la Tierra está bajo una nueva dirección: la suya. Pero no destruyen nada: ni edificios famosos, ni bases militares, ni siquiera un puente. En su lugar, promueven la paz mundial, el crecimiento tecnológico, e imponen sólo unas pocas normas paternalistas sobre el mundo. ¿Pero por qué? ¿Estos extraterrestres han viajado a través del universo sólo para jugar a hermanitas de la caridad intergalácticas … o tienen motivos ulteriores?

Durante un tiempo no se dejan ver, y aquí Clarke sorprende ya que encajan perfectamente en la descripción de los demonios del mito: “No había error posible. Las alas correosas, los cuernos, la cola peluda: todo estaba allí. La más terrible de las leyendas había vuelto a la vida desde un desconocido pasado”. Sin embargo, no son criaturas sobrenaturales; su existencia puede ser explicada por procesos completamente naturales, como la evolución.

Los Superseñores alienígenas se refieren a sí mismos como “guardianes” y “parteras”, metáforas para explicar su relación con la humanidad. Sin embargo la que no usan, y quizá sea más adecuada es “padres”. Como “hijos” de los Superseñores, los seres humanos tienen que decidir el camino que quieren tomar hacia la edad adulta. Los Superseñores dicen a la humanidad donde pueden y no pueden ir (el espacio es un gran no-no), qué reglas deben seguir (Estado Mundial o les intervienen), cómo usar su tecnología (las armas nucleares no son juguetes), y a qué hora hay que irse a la cama (bueno, ésta tal vez no …). Suena como los padres hablando a sus hijos adolescentes , ¿verdad?

Así, más que infancia podemos verla como “El Fin de la Adolescencia”, ya que los problemas a los que se enfrenta la raza humana son más parecidos a los que tienen que enfrentarse los adolescentes navegando en el proceso de convertirse en adultos.

Clarke juega un poco en esta novela con el género de la distopia. La mayoría de los futuros distópicos son obviamente lugares horribles para vivir, los pobres son pobres, un grupo selecto controla a todos los demás y las libertades son una memoria perdida hace mucho tiempo. En “El fin de la infancia”, no todo es tan obviamente distópico. De hecho, a primera vista, todo lo que pasa es benéfico. Todo el mundo tiene sus necesidades satisfechas, no hay guerras, y la gente hace turismo en coches voladores. Pero, aunque sólo es notado por unos pocos, el aburrimiento se extiende por toda la sociedad y conduce al estancamiento del arte y la cultura humana. La novela sugiere que el fin del hambre, de la enfermedad y del crimen violento no es algo para desdeñar, pero estas circunstancias ocupan algún escalón necesario para animar a otras partes críticas de la existencia humana.

Por lo tanto, la novela está pintada de utopía en la superficie, pero hay un núcleo distópico en el corazón de la misma.

Clarke es parte de un grupo de autores -incluyendo a Robert Heinlein, Isaac Asimov y otros- a quienes se atribuye básicamente inventar el género de la ciencia-ficción tal como lo conocemos. Pero lo que realmente la acredita en el género es la forma en que la ciencia y la filosofía se tejen en la historia. Los aparatos avanzados a bordo de la nave de Karellen pueden verse como juguetes científicos ingeniosos para usarlos en el relato. Sin embargo es lo que representan esos gadgets lo que hace que esta historia sea de ciencia ficción. Por ejemplo, la tecnología de Karellen y la mera existencia de una especie alienígena pone tensión en las creencias sostenidas por la gente religiosa, y “en pocos días, todos los multitudinarios mesías de la humanidad habían perdido su divinidad”. No es la simple adición de la ciencia a la historia lo que la cualifica como ciencia-ficción, sino la exploración de las implicaciones que esta ciencia trae a la Tierra con ella.

Finalmente, es una historia sobre alcanzar la edad adulta. Sin embargo, en lugar de ser un cuento de llegar a la mayoría de edad una sola persona, como suele ser el caso, es toda la raza humana la que crece. Claramente, algunas personas se contentan con vivir bajo los pulgares dobles extraterrestres, pero otros, como Jan y George, necesitan algo más. Como un niño tratando de encontrar su propio camino, pese a sus padres dominantes, esta novela presenta a la humanidad  tratando de trascender más allá de la interferencia de los Superseñores.

Al final, la humanidad crece y evoluciona fuera de su estado de infancia. Si eso es algo bueno o malo …

Arthur Charles Clarke (1917-2008)

Arthur Charles Clarke nació el 16 de diciembre de 1917, en la ciudad costera de Minehead, en el suroeste de Inglaterra. Fue el mayor de cuatro hijos nacidos en una familia de agricultores, Clarke se fascinó con la ciencia y la astronomía a una edad temprana, escaneando las estrellas con un telescopio casero y llenando su cabeza con cuentos de ciencia ficción de revistas como Astounding Stories. Después de que su padre falleciera repentinamente, las dificultades financieras que su familia soportó impidieron que Clarke asistiera a la universidad a pesar de su mente brillante e inquisitiva. Después de graduarse de la escuela secundaria en la cercana Taunton, Clarke salió de su casa para encontrar trabajo en 1936.

Al llegar a Londres, Clarke encuentra trabajo como burócrata del gobierno. Sin embargo, no había perdido su fascinación por las estrellas, y pronto se convirtió en miembro de la British Interplanetary Society, que defendía la idea de los viajes espaciales mucho antes de que se considerara plausible. Clarke contribuyó con sus artículos al boletín de noticias del grupo y también comenzó sus primeras incursiones en la ciencia ficción.

Aunque estos primeros esfuerzos fueron interrumpidos con la llegada de la Segunda Guerra Mundial, el servicio de Clarke durante el conflicto le daría la oportunidad de satisfacer su aptitud tecnológica. Desde 1941 hasta el final de la guerra, fue técnico de la RAF y uno de los primeros en utilizar la información del radar para guiar los aterrizajes de los aviones en condiciones climáticas desfavorables. Sus experiencias en tiempo de guerra resultarían fundamentales en dos de los primeros trabajos de Clarke como escritor. En 1945, la revista Wireless World publicó su artículo “Extra-Terrestrial Relays”, en el que Clarke teorizó sobre cómo un sistema de satélites geoestacionarios podría ser utilizado para transmitir señales de radio y televisión a todo el mundo. Ésta fue sólo la primera de muchas realidades tecnológicas que Clarke prediría durante su prolífica carrera. Al año siguiente su cuento “Rescue Party” adornó las páginas de Astounding Science Fiction, su primera obra de ciencia ficción había sido publicada.

Al regresar de la guerra, Clarke tuvo oportunidad de continuar su educación superior después de recibir una beca para asistir al King’s College en Londres. Durante este tiempo, también volvió a conectar con la Sociedad Interplanetaria Británica (que presidiría durante varios años) y continuó con sus esfuerzos literarios. Se graduó en 1948 con honores en matemáticas y física y rápidamente empezó a ganar reputación tanto como científico como en su faceta de autor. Mientras trabajaba como editor asistente para la revista Science Abstracts, Clarke publicó el libro de no ficción Interplanetary Flight (1950), en el que discutió las posibilidades del viaje espacial. En 1951, se publicó su primera novela larga, “Preludio al espacio”, seguida dos años más tarde por “Contra la caída de la noche” y “El fin de la infancia” (que fue el primer éxito verdadero de Clarke y posteriormente adaptada como serie de televisión en 2015). Ganó su primer Premio Hugo en 1956 por su cuento “La Estrella”.

La escritura de Clarke le ganó la estima como novelista y le trajo la prominencia como pensador revolucionario. Fue consultado frecuentemente por miembros de la comunidad científica, trabajando con científicos estadounidenses para ayudar a diseñar naves espaciales y ayudar en el desarrollo de satélites para aplicaciones meteorológicas. Además de todas sus actividades sobre el espacio, a mediados de la década de 1950 Clarke comenzó a desarrollar un interés por los mundos submarinos. En 1956, se trasladó a Sri Lanka, estableciéndose primero en la ciudad costera de Unawatuna y más tarde mudándose a Colombo. Clarke vivió en Sri Lanka el resto de su vida y se convirtió en un hábil buceador, fotografiando arrecifes regionales e incluso descubriendo las ruinas submarinas de un antiguo templo. Documentó sus experiencias de buceo en obras como The Coast of Coral (1956) y The Reefs of Taprobane (1957). También utilizó su experiencia para iniciar el negocio de turismo Underwater Safaris.

El destino de Clarke, sin embargo, estaba todavía muy ligado al espacio. Después de ser golpeado con la polio, que limitó su movilidad, volvió su atención de nuevo a las estrellas. Durante los años 60, Clarke vio realizados algunos de sus proyectos más importantes. En 1962 publicó Profiles of the Future, en el que hizo predicciones sobre invenciones hasta el año 2100, y en 1963 el Instituto Franklin le otorgó su premio Ballantine por sus contribuciones a la tecnología satelital. Ese honor fue ampliado el año siguiente cuando el satélite Syncom 3 transmitió los Juegos Olímpicos de Verano desde Tokyo a los Estados Unidos.

La creciente reputación de Clarke como experto en todos los temas del espacio le llevó a la colaboración por la que quizás haya sido más reconocido. En 1964, con el director Stanley Kubrick, Clarke empezó a trabajar en una adaptación cinematográfica de su cuento de 1951 “El centinela”. Se convertiría en el clásico de Kubrick dirigido en 1968 “2001: Una odisea espacial”, ampliamente considerada como una de las mejores películas de la historia. Clarke y Kubrick recibieron una nominación al Oscar por su guión y también colaboraron en el desarrollo de la historia en una novela publicada el mismo año. Clarke, autor y pensador de renombre internacional, continuó su producción prolífica y exitosa durante los años setenta. Su novela de 1973 “Cita con Rama” ganó los premios Nebula y Hugo, una hazaña que repitió varios años después con “Las fuentes del paraíso” (1979). En la década siguiente, Clarke completó las obras autobiográficas Ascent to Orbit (1984) y Astounding Days (1989).

Clarke siguió más adelante con las secuelas literarias “2010: Odisea dos” (publicada en 1982 y adaptada en una película de 1984), “2061: Odisea tres” (1987) y “3001: La odisea final” (1997). A finales de los años sesenta, Clarke pudo participar en una odisea espacial de la vida real cuando fue elegido para unirse a Walter Cronkite como comentarista de la cobertura de CBS del aterrizaje lunar de Apolo 11. Volvió a las ondas para la cobertura de las misiones Apolo 13 y Apolo 15. Posteriormente mantuvo sus colaboraciones con la televisión.

Hacia el final de la década, las complicaciones relacionadas con la poliomielitis redujeron aún más la movilidad de Clarke, confinándole a una silla de ruedas. Continuó escribiendo obras de ficción y no ficción y obtuvo varios reconocimiento por toda su vida de contribuciones. En 1983, se creó la Fundación Arthur C. Clarke para promover el uso de la tecnología, cuyo objetivo era mejorar la calidad de vida, particularmente en los países en desarrollo, a través de becas y premios educativos; en 1986, se estableció el Premio Arthur C. Clarke a la excelencia en la ciencia ficción británica. Clarke también ocupó cátedras en la Universidad de Moratuwa en Sri Lanka de 1979 a 2002 y en la Universidad Internacional del Espacio de 1989 a 2004.

Hasta la vieja Ceilán le persiguieron los prejuicios y se difundió el rumor de que vivía allí entregado a la pederastia, acusación que luego fue desmentida por la autoridades del país. Ese infundio le costó, según explicó uno de sus principales colaboradores, el escritor Stephen Baxter, que se discutiera la conveniencia de otorgarle el título de sir. Cosa que al final hizo personalmente el príncipe Carlos. Cuando se le preguntó si era gay, respondió con coquetería: “No, merely cheerful (No, simplemente alegre)”. En la última década de su vida Arthur C. Clarke fue nombrado caballero por el alto comisionado británico en Sri Lanka; se le concedió el mayor honor civil de ese país, el Sri Lankabhimanya y vio la fundación del Instituto Arthur C. Clarke para la Educación Espacial.

Murió de insuficiencia respiratoria el 19 de marzo de 2008, a la edad de 90 años. Había escrito casi 100 libros, junto con innumerables ensayos y cuentos, e hizo contribuciones inconmensurables al campo de la exploración espacial y la ciencia. En honor a su trabajo, la Unión Astronómica Internacional nombró la distancia de aproximadamente 36.000 kilómetros sobre el ecuador de la Tierra, la órbita de Clarke, y el asteroide No. 4923 recibió la designación de “Clarke”.


Sesión del Club (Grupo B): Lágrimas en la lluvia

“Los humanos la miraban y temblaban. La miraban y susurraban. La miraban y la odiaban. Había un monstruo reflejado en los ojos de esos hombres y esas mujeres, y el monstruo era ella.”

Rosa Montero publicó en 2015 “El peso del corazón” una novela en la que nos reencontramos con Bruna Husky, la peculiar detective privado que creó en Lágrimas en la lluvia, aunque no es necesario haber leído ésta para iniciar “El peso del corazón”. Ambas historias pueden ser leídas de manera independiente.


Sesión del Club (Grupo A): Muero por dentro

“Hay verdaderas fuerzas invisibles, pero no habría tantas como creemos, ni nos gobernarían tan severamente si no las admitiéramos en nuestras almas. No seríamos atacados con tanta frecuencia por diablos, si no nos hubiéramos tomado la molestia de inventar a tantos de ellos.”

David Selig nació con la capacidad de leer el pensamiento. No puede transmitir los suyos, porque para que los demás los recibieran deberían tener su misma capacidad. Su habilidad ha hecho de él un desgraciado, un paria, un marginado, pues saber lo que la gente piensa no le ha servido más que para frustrarse, para deprimirse, para aislarse de sus congéneres, a quienes considera esencialmente mentirosos y falsos.

Hijo único de una típica pareja judía neoyorquina, este don increíble moldeó su mal carácter desde pequeño, así que por indicación del terapeuta que le trataba, sus padres intentaron tener un hermanito, pero tras varios intentos que terminaron en aborto espontáneo (su madre ya rondaba los 40), sus progenitores adoptaron a una niña cuando él contaba unos 10 de edad. Por supuesto el nuevo miembro de la familia no sirvió de ninguna ayuda al protagonista.

Su misantropía, su soledad, su abandono continuaron año tras año. Sólo con un par de chicas logró mantener relaciones de cierta entidad, pero las mismas se vieron adulteradas por su capacidad de conocer los pensamientos ajenos. Incluso tras dar por casualidad con otra persona dotada de sus mismas facultades, nada mejoró, pues al contrario que él, este mutante se siente afortunado de poseer ese poder y ha logrado emplearlo para que su vida sea más fácil, aunque a David sus estrategias le parezcan faltas de escrúpulos y su amistad débil e interesada.

Cuando conocemos al protagonista son mediados de los años 70 y malvive redactando trabajos de literatura para estudiantes universitarios mediocres. Su hermana intenta rehacer su relación con él, marcada por el odio mutuo desde siempre, y a David se le hace cada vez más difícil afrontar su existencia porque está perdiendo su extraordinaria habilidad a pasos agigantados, y aunque nunca le haya hecho feliz, esa es la única realidad que conoce.

El conflicto que se desarrolla no puede ser más típicamente humano: la pérdida de sus asombrosos poderes, a los que considera culpables de todas sus desgracias, lejos de alegrarle, le hacen aún más infeliz porque va directo a una situación desconocida a la cual no le quedará más remedio que adaptarse.

Silverberg completó esta novela en nueve semanas, que fue un ritmo lento para él durante sus años más jóvenes. Afirma que en esa época escribía normalmente una novela en tres o cuatro semanas, y su libro (de 1967) “Thorns” fue terminado en diez días (y fue nominado para un Hugo y un Nebula). “Muero por dentro” marcó un punto de inflexión para Silverberg, y el ritmo de trabajo que parecía lento para el novelista dio el tono para sus futuros proyectos. “Nunca más, después de escribir Muero por dentro”, admitió, “escribí una novela completa en tan sólo nueve semanas. Aquello era una extravagante habilidad”.

La novela fue finalista a los premios Hugo, Nebula y Locus (tercera posición), perdiendo todos ellos ante “Los propios dioses” de Isaac Asimov.

Robert Silverberg (1935-)

Nació en Nueva York el 15 de enero de 1935. Hijo único de Helen y Michael Silverberg, tenía un carácter más bien introspectivo y la lectura fue una de sus grandes aficiones desde pequeño. Estudió Literatura Comparada en Columbia, obteniendo el título en 1956. Ese mismo año contrajo matrimonio con Barbara Brown. En 1972 se trasladan a la Costa Oeste, a San Francisco, y en 1976 el matrimonio se separa. En 1986 se divorcian y en 1987 Silverberg contrae nuevo matrimonio con la también escritora Karen Haber, con quien había colaborado en diversos proyectos.

Silverberg es un autor prolífico y muy galardonado. Entre sus premios figuran cinco Hugos (y 28 nominaciones), cinco Nebulas (y 22 nominaciones), siete Locus (y 148 nominaciones) y el Damon Knight Gran Maestro de 2004, aparte de otros muchos premios. Además es el único autor que ha conseguido alguno de los grandes premios durante seis décadas seguidas, hecho del cual se siente justificadamente orgulloso.

Lector voraz y admirador de H.G. Wells, Heinlein o Stapledon, uno de sus tesoros más preciados es un ejemplar de Astounding de 1950 firmado por Fritz Leiber y John Campbell.

Muy joven, a los 14 años, editó su primera revista y escribió, con escaso éxito, sus primeros relatos. En 1954 vendió su primer relato de ciencia ficción, Planeta Gorgona, a la revista británica Nebula. Hasta 1959 escribió una enorme cantidad de relatos (más de doscientos) y once novelas, alguna en colaboración con Garrett (con el pseudónimo conjunto de Robert Randall). Su prioridad en aquel momento era ganar dinero, por lo que él mismo reconoce que la calidad de su producción bajó mucho. Escribió un millón de palabras por año, aunque se limitaba a producir aquello que las revistas le pedían, casi siempre space-opera, a veces bajo pseudónimo. Pero ese año, en parte decepcionado por el bajo nivel del género -que él mismo había contribuido a rebajar con su producción masiva por encargo- y en parte porque desde 1958 las revistas sufrieron una crisis generalizada que condujo al cierre a muchas de ellas y a una selección más estricta de los contenidos a las supervivientes, abandona la ciencia ficción y se dedica a escribir obras de otros géneros (western, erótica, misterio, divulgación para un público juvenil), aunque sigue participando como fan en diferentes convenciones. De esta época tiene una amplia producción con más de cincuenta pseudónimos.

En 1965 Frederik Pohl se convierte en editor de Galaxy y consigue convencer a Silverberg de que puede escribir ciencia ficción de calidad. Silverberg comienza a publicar cuentos como Para ver al hombre invisible, Moscas (ambos recogidos en la antología Visiones peligrosas de Harlan Ellison), Caliban, etc. A finales de esta década pertenecen algunas de sus mejores novelas, como Alas nocturnas, El libro de los cráneos o Regreso a Belzagor. Es el mejor Silverberg: introspectivo, personajes profundos, con la soledad y la búsqueda de redención como motores; en sus obras analiza los contactos de humanos con extraterrestres y retrata perfectamente a los alienígenas mismos, quizá buscando en ellos una alternativa real a las dudas de la existencia humanas. Es también el más galardonado: de esta época son la mayor parte de sus numerosos premios. En 1970 fue el invitado de honor de la Convención Mundial de Fantasía y Ciencia-ficción.

En 1980 publicará El castillo de lord Valentine, primera de las novelas situadas en Majipur. A partir de este momento, apenas escribirá relatos, y sus obras serán relatos largos o novelas (la saga de Majipur. Gilgamesh el rey), quizá más relacionados con la fantasía que con la cifi estricta, y con unos personajes menos elaborados.

Fue nombrado Gran Maestro de la ciencia ficción en 2004.


Sesión del Club (Grupo B): Tintín, Objetivo la Luna-Aterrizaje en la Luna

“Es … es … ¿cómo describirlo? … Un paisaje de pesadilla, de muerte, de espantosa desolación … Ni un árbol, ni una flor, ni una brizna de hierba … Ni un pájaro, ni un ruido, ni una nube … En el cielo, negro como la tinta, brillan millones de estrellas … pero inmóviles, heladas, sin ese parpadeo que, desde la Tierra, las hace tan vivas …”

Tintín: Aterrizaje en la Luna

That’s one small step for [a] man, one giant leap for mankind.”

“Es un pequeño paso para el hombre, pero un gran paso para la humanidad”

Neil Armstrong. Primeras palabras al pisar la Luna, misión Apolo XI, 20-Julio-1969

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Sesión del Club (Grupo A): La invención de Morel

“El hecho de que no podamos comprender nada fuera del tiempo y del espacio, tal vez esté sugiriendo que nuestra vida no sea apreciablemente distinta de la sobrevivencia a obtenerse con este aparato.”

la-invencion-de-morel-portadaEl narrador (un prófugo, que permanece anónimo en todo el libro) desembarca en una isla hacia la que lo ha conducido su destino de perseguido. Por la notas de un supuesto editor y por lo que el protagonista anónimo narra en primera persona, el lector pronto descubre que los fragmentos de La invención de Morel son el póstumo testamento de un náufrago, el diario de un perseguido por la justicia, que al huir de la sentencia a cadena perpetua llegó en bote, casi al azar (no sabía leer la brújula), a una isla desierta.

En esta isla de ubicación ambigua encuentra un paraíso cuyo espacio ha sido alterado levemente por unas extrañas construcciones de orden misteriosamente ceremonial: un museo, una capilla y una alberca. Allí descubre un grupo de turistas raros, capitaneados por un tal Morel, que no perciben su presencia. Tras espiar sus movimientos, se enamora de Faustine, la bella mujer que se asomaba a ver la puesta de sol cada día en lo alto de las rocas. Luego de notar que es invisible para los turistas, el fugitivo descubre que ellos son, en realidad, imágenes tridimensionales proyectadas por una máquina.

Es esta invención un mecanismo capaz de retener las imágenes de forma total –visual, táctil, olfativa y volumétricamente-; un artefacto creado con el fin de registrar los movimientos de Morel y sus acompañantes a lo largo de una semana y de forma absoluta. Morel, uno de los turistas, la había fabricado con el propósito de repetir las imágenes de todos aquellos que estaban en la isla. Ha logrado crear una máquina -descrita como un conjunto de motores conectados, mediante un tubo de hierro, a un rodillo con aletas ubicado en la costa de la isla- capaz de reproducir las acciones grabadas a la manera de un film o una cinta cinematográfica. Aprovechando la fuerza de las mareas esta máquina puede proyectar el producto de su registro a perpetuidad y así “eternizar” a su amada Faustine. Morel ha fotografiado la vida y la ha conservado en una isla desierta, de esta manera logra quedarse con ella porque no lo pudo hacer de otro modo: la Faustine de carne y hueso desdeñaba a Morel.

El prófugo no sólo escribe el testimonio de su descubrimiento, sino que se da cuenta de que la única salida para estar con Faustine es morir, puesto que todos los que habían sido “fotografiados” mueren, inclusive ella; y, de ese modo, él logra también su inmortalidad en la isla.

Bioy Casares pone en juego una de las hipótesis más sugerentes de toda la ciencia ficción, la coincidencia, en un mismo espacio, de un objeto y su imagen total. Este hecho sugiere la posibilidad de que el mundo esté constituido, exclusivamente, por sensaciones. Para ello realiza un trazado elíptico de la isla y el museo, así como una radiografía espectral de los personajes proyectados, para concluir en una delirante y anticipatoria reflexión sobre la realidad virtual.

La isla de Morel es un espacio sagrado donde se ha construido la utopía de la eternidad. La eternidad que Morel sugiere ha encontrado su espacio y su proyección pero le faltaba la mirada. El narrador es el testigo de la creación, es el espectador ante quien se proyectan las imágenes. En este paraíso artificial, ¿qué le queda al narrador? Enamorado de un fantasma, de una mujer muerta, no le queda otra cosa, para estar junto a Faustine, que dejarse devorar por la pantalla y transformarse él mismo en simulacro. Con su seducción y muerte, y con su ingreso a la eternidad del archivo, la hegemonía de una nueva ecología de medios en la isla es completa. El triunfo de la ilusión del narrador es el fin de cualquier intento de escapar al triunfo final de la tecnología.

Adolfo Bioy Casares (Buenos Aires, 1914 – 1999)

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Escritor argentino, uno de los más destacados autores de la literatura fantástica universal. Miembro de una familia de hacendados bonaerenses, en 1929 escribió Prólogo, manuscrito que revisó y mandó a imprimir su padre. Su temprana vocación por las letras fue estimulada por su familia, y ya en 1933 publicó el volumen de cuentos Diecisiete disparos contra lo porvenir.

Pronto se vinculó culturalmente al círculo cosmopolita de la revista Sur; su amistad con Jorge Luis Borges sería decisiva en su carrera literaria. En 1932 conoció a Borges en casa de Victoria Ocampo, y también a su hermana Silvina Ocampo, quien se convirtió en su esposa en 1940. La estrecha amistad con Borges duró hasta la muerte de éste en 1986 y dio origen a una serie de obras escritas en colaboración y firmadas con los seudónimos de B. Suárez Lynch, H. Bustos Domecq, B. Lynch Davis y Gervasio Montenegro: Seis problemas para don Isidro Parodi (1942), Dos fantasías memorables (1946), Un modelo para la muerte (1946), Crónicas de Bustos Domecq (1967), Nuevos cuentos de Bustos Domecq (1977) y también a dos guiones cinematográficos, Los orilleros y El Paraíso de los creyentes (ambos de 1955).

El mismo año de su boda publicó La invención de Morel (1940), su obra más famosa y un clásico de la literatura contemporánea. Narrada en primera persona y ambientada en una isla desierta, en la trama se entrecruzan el delirio, la pasión amorosa y la idea de inmortalidad.

Para entonces Bioy Casares había renegado de sus escritos anteriores, entre ellos las narraciones La estatua casera (1936) y Luis Greve, muerto (1937). En la fructífera década de 1940 publicó los volúmenes de relatos La trama celeste (1944), El perjurio de la nieve (1948) y Las vísperas de Fausto (1949), además de la novela Plan de evasión (1945), que relata una diabólica propuesta del Dr. Castel, gobernador de la isla del Diablo y discípulo de William James, consistente en practicar sobre unos prisioneros una nueva teoría de la percepción. En colaboración con su mujer escribió la novela policíaca Los que aman, odian (1946); codirigió con J. L. Borges la prestigiosa colección del género El Séptimo Círculo y los tres compaginaron la Antología de la literatura fantástica (1940).

En el decenio de los cincuenta publicó los cuentos de Historia prodigiosa (1956) y Guirnalda con amores (1959). El sueño de los héroes (1954), quizás su mejor novela, narra cómo una pandilla de amigos recorre los suburbios de Buenos Aires durante los tres días del carnaval de 1927 en busca de aventuras y diversiones; años después el protagonista, Gauna, intenta regresar al pasado ignorando que el viaje puede originar el despliegue de posibilidades anteriormente evitadas.

En esta obra la geografía del barrio porteño está inmersa en un clima alucinante que vuelve a encontrarse en Diario de la guerra del cerdo (1969), sobre la guerra de los jóvenes contra los viejos, y en Dormir al sol (1973), centrada en el informe que Lucio Bordenave escribe en un sanatorio frenopático en el que ha sido confinado. Humor, ironía y parodia aparecen en los cuentos de El lado de la sombra (1962), El gran Serafín (1967) y El héroe de las mujeres (1978). Por otra parte, Breve diccionario del argentino exquisito (1971) es una observación sobre el lenguaje.

Obras posteriores de Bioy Casares son las novelas La aventura de un fotógrafo en La Plata (1985) y los cuentos de Historias desaforadas (1986) y Una muñeca rusa (1991). En la década de los noventa publicó la novela Un campeón desparejo (1993); los libros de recuerdos Memorias. Infancia, adolescencia y cómo se hace un escritor (1994) y De jardines ajenos (1997) y el volumen de cuentos Una magia modesta (1998).

Su obra narrativa le valió diversos galardones, como el Gran Premio de Honor de la Sociedad Argentina de Escritores (SADE) en 1975 y el Premio Cervantes en 1990. Se lo distinguió como Miembro de la Legión de Honor de Francia (1981) y Ciudadano Ilustre de la Ciudad de Buenos Aires (1986). Fueron llevadas al cine El perjurio de la nieve, con el título de El crimen de Oribe, Diario de la guerra del cerdo (dirigida por Leopoldo Torre Nilsson) y El sueño de los héroes (con dirección de Sergio Renán).

Falleció el 8 de marzo de 1999, a los 84 años, a consecuencia de un fallo multiorgánico derivado de su deteriorado estado general. Fue inhumado en la bóveda de su familia en el Cementerio de la Recoleta, donde también reposan los restos de su esposa y su cuñada.


Sesión del Club (Grupo A): La peste escarlata

“Rojo no es la palabra adecuada -replicó el viejo-. La peste no era roja, era escarlata. El cuerpo y la cara del que se veía atacado por ella se ponían escarlata en el plazo de una hora. Lo sé porque lo vi. Hay que decir escarlata.”

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“La peste escarlata” es una historia post-apocalíptica, ambientada en el año 2072, que fue publicada originalmente en la revista London Magazine durante 1912. La humanidad sucumbió en la pandemia de 2013, cuando estalla en las principales ciudades de la Tierra una peste fulminante que se propaga con rapidez hasta el último rincón habitado. No hay para ella antídotos conocidos; en cuestión de días, el vano éxodo de los pobladores vacía las ciudades, devastadas por el pillaje, los incendios y la violencia. La humanidad quedó mermada a unos pocos reductos de tribus y grupúsculos desperdigados por ahi, reducidos al primitivismo más absoluto, donde la fuerza bruta impera sobre la inteligencia. Van formando pequeñas comunidades mientras a su alrededor una vegetación asilvestrada, sin control, ahoga las zonas antes cultivadas, y los animales domésticos, con garras y dientes, tratan de asegurarse un lugar en el nuevo orden zoológico.

Un anciano James Howard Smith, entonces joven profesor universitario y ahora anciano de casi noventa años, cuenta a sus tres nietos cómo era la vida antes de la hecatombe, para intentar transmitir los valores y principios anteriores al apocalipsis, pero es ridiculizado constantemente por los jóvenes, que no son capaces de concebir las cosas que les cuenta su abuelo, y que para ellos son sólo los desvaríos de un viejo. De hecho, ni siquiera entienden bien su modo de hablar, ya que la mayoría de palabras y expresiones se han perdido o degenerado. Está evocando un mundo que ya nadie sabe que ha perdido.
Es un libro que no ha envejecido nada mal (excepto alguna referencia a dirigibles surcando los cielos en el siglo XXI), teniendo en cuenta que lo escribió alguien nacido en 1876. Podría haber sido escrito recientemente, ya que tanto su estilo, como los argumentos que componen la trama, son válidos hoy en día. Un visionario como Verne, sin duda.

“La peste escarlata” trata de la barbarie, del retroceso a formas de vida más primitivas, del egoísmo que conlleva consigo una catástrofe de tal magnitud. Donde lo que prevalece, cuando ves que todo se desmorona, es el sálvese quien pueda. Escuelas, universidades, laboratorios de ciencia, etc, todo ello ha sido barrido por los estragos del tiempo y el olvido. El ser humano debe empezar de cero, como siempre hará en caso de ocurrir un desastre. Sin embargo, hay elementos esenciales que no pueden pasar desapercibidos: ese viejo profesor sobreviviente de la peor catastrofe de la humanidad, vivía en la mente de su autor. Ha sido su canal para manifestar su percepción acerca de la evolución social, de la base arquitectónica del ser que arrastra los males de ayer, de hoy y de siempre.

La vertiente fantástica de la literatura de London no es lo más conocido de su bibliografía, pero lo cierto es que sus historias cortas pavimentaron el camino para la popularización de la ciencia ficción. Trece de las 188 historias cortas que publicó y cuatro de sus 22 novelas pueden clasificarse como de temática fantástica, por lo que su aproximación a la ficción especulativa o la ciencia ficción fue algo más que simple anécdota. Aunque hoy es recordado sobre todo por sus relatos de aventuras en las heladas tierras del Yukón o las embravecidas aguas el Océano Pacífico, sus relatos de fantasía son mucho más interesantes que los de otros autores contemporáneos más conocidos pero menos originales en sus ideas.

Subyacente en la mayoría de las historias están las ideas de London sobre la evolución social, el racismo y el anticapitalismo. En algunas de ellas el énfasis recae sobre lo que podemos llamar “ciencia ficción social“: los problemas futuros de la sociedad, en especial la explotación de los trabajadores y el materialismo capitalista. En otros casos, sus sociedades imaginarias trataban de demostrar la validez del darwinismo social y, concretamente, la superioridad de la raza anglosajona.

Como se puede ver, este tipo de radicalismo político y social nada tiene que ver con la imagen de autor de aventuras para niños y adolescentes que los editores han tratado de vender una y otra vez. Hay otro elemento, este en un plano más secundario, en sus relatos de ficción especulativa: el medio ambiente, especialmente en aquellas historias en las que algún tipo de revolución ha acabado con buena parte de la población. London parece confiar en la capacidad regenerativa de la naturaleza.

Original en inglés, edición de 1915, con ilustraciones de Gordon Grant disponible en Proyecto Gutenberg

Jack London (1876-1916)

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John Griffith London nació en San Francisco en 1876. Era hijo de un astrólogo ambulante, al que no conoció, y su madre era una espiritista que se casó con John London (unos meses después del nacimiento del niño) de quien el escritor tomó el apellido.

Jack London ha sido -es- uno de los autores más importantes de la literatura americana. Pese a ciertas controversias atribuidas al autor durante su corta vida (falleció a los cuarenta años), tales como diversas acusaciones de plagio o el descenso de calidad en sus obras hacia el final de su vida -más para ganar dinero que para perdurar-, su producción literaria ha gozado de un considerable éxito a lo largo de su carrera.

Su experiencia como marinero a temprada edad y como pescador ilegal le sirvió como formación para numerosos relatos de aventuras con el viajero como tema de fondo.

La ideología de Jack London era de una ortodoxia rayana en el radicalismo. La vida le había dado motivos para ello. En su infancia y juventud transcurridas en California sufrió en sus carnes la injusticia de un sistema industrial que se aprovechaba de la inexistencia de legislación laboral para abusar de los obreros, pagarles salarios ridículos y hacerles trabajar horas sin fin; participó en una marcha masiva de protesta emprendida por desempleados de la Costa Oeste hacia Washington y fue testigo de la explotación a la que eran sometidos los inmigrantes en inmundos talleres de Nueva York. Mientras volvía a su California natal fue arrestado por vagabundo y encerrado en prisión. Años más tarde, en un viaje como periodista a los bajos fondos de Londres convivió con los más pobres de la capital del imperio, plasmando en sus crónicas la miseria que se ocultaba bajo las ricas alfombras de los más potentados. No es de extrañar que aquellas experiencias lo convirtieran a la causa socialista.

En 1905, London quería dar la vuelta al mundo junto a su segunda esposa, Charmian. Pero ya entonces viajar era caro. Necesitaba dinero para comprar el barco y financiar el viaje, así que decidió aceptar una oferta para dar conferencias por todo el país a 600 dólares semanales más gastos. Era una gran oportunidad no sólo financiera: podía promocionar sus libros y, al mismo tiempo, hacer propaganda de sus ideas socialistas en unos años en que el socialismo era un tema candente en la nación. London era un conferenciante incendiario. Por todo el país llenaba salones en los que el público lo escuchaba asombrado mientras encajaba recriminaciones, insultos y profecías de un apocalipsis capitalista merced a una revolución purificadora. Durante esta gira el ya famoso escritor tuvo ocasión de hablar con los líderes socialistas locales y le quedó claro que la opinión general era que el capitalismo sería eliminado por la vía democrática. Sus propias ideas eran mucho más radicales y su visión del futuro menos optimista.

La propia vida de London acabó convertida en una especie de caricatura de sus ideas políticas. A medida que su popularidad trascendía fronteras y sus obras eran leídas y comentadas por millones de personas, su modo de vida se fue distanciando cada vez más de sus convicciones. Vivía en un rancho que ocupaba una enorme finca, mantenía un yate y no se privaba de ningún lujo material -por mucho que sus despilfarros a punto estuvieron de dejarle en la bancarrota en más de una ocasión, obligándole a escribir intensivamente para tapar sus agujeros económicos.

London murió en 1916 de una sobredosis de morfina, sin saber a ciencia cierta si fue accidental o deliberada, lo que ha contribuido a su mito bibliográfico.


Sesión del Club (Grupo B): Bóvedas de acero

“El cambio radical había sido la formación gradual de las ciudades, tras mil años de historia terrestre. Cada ciudad se convirtió en una unidad semiautomática, que se bastaba a sí misma desde el punto de vista económico. Podía ponerse un techo, una bóveda encima, una muralla en torno, y hasta hundirse bajo tierra. Se convirtió en una tremenda bóveda de acero y cemento que se contenía a sí misma en todos sus detalles.”

Nota importante: De la novela se han hecho varias traducciones al español, todas ocupan unas 100.000 palabras excepto la traducción de Martí­nez Roca de 1979 (posteriormente utilizada por Orbis), que está firmada por Francisco Blanco y que ocupa unas 60.000. Esta traducción es una versión ligeramente retocada en el estilo pero ampliamente mutilada de la traducción realizada por Carlos Barrera para la edición mexicana de 1955.

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